14.3.19

Javier Corpas Mauleón sobre “Desayuno para el muerto”



P.- Tienes una gran trayectoria literaria, y tu último libro, accésit del VIII Premio “Wilkie Collins” de novela negra Desayuno para el muerto, ha comenzado muy bien en ventas. ¿A qué lo atribuyes?
R.- Varias razones. La obra me ha costado mucho trabajo y la he cuidado con esmero. Pero, sobre todo, llega en un momento personal de madurez literaria.; escribo mejor. También influye que son personajes complejos, de humanidad palpable, aunque se tengan que mover por oscuras sendas. Otra más en el entorno donde se desarrolla la trama: la fiesta más internacional del mundo, San Fermín; paisaje perfecto para una novela negra con todos sus elementos consustanciales de intriga, acción, denuncia, sangre o sexo.
P.- ¿En qué momento te introdujiste en el mundo de la literatura y qué te llevó a ello?
R.- Tuve la suerte de criarme en un ambiente ilustrado; en mi familia se respiraba cultura. La biblioteca era la joya de casa, no la televisión, lo que creo mucho más útil y enriquecedor. Así que, cuando comencé a publicar, en 2009, escribieron de mí: “lector incansable y conversador imaginativo, parecía evidente que tarde o temprano empuñaría la pluma” (sic). Desde entonces he ido casi a premio por año; estoy contento.
P.- Desayuno para el muerto narra la historia de Plinio, agente del CNI, quien estando de vacaciones en sanfermines se involucra en una trama de espionaje y asesinatos entre castristas, anticastristas y la CIA. ¿Cómo surgió esta historia y cómo se te ocurrió encajar cada pieza del puzle?
R.- Pamplona fue la Meca de los espías, tanto en los conflictos mundiales o las reiteradas invasiones francesas, como en la media docena de guerras civiles que se dieron en los cien años previos a 1939. El ascensor que cito en “Desayuno para el muerto” transportó unos cuantos desde 1912.  Lo que refiero de la OAS también ocurrió en esta ciudad. Y las fiestas de la capital navarra han camuflado entre su multitud diversas conspiraciones. Encima, habituales en ellas son norteamericanos y miembros del exilio cubano. Un celofán perfecto para envolver este enredo.
P.- Es destacable la cantidad de personajes que hay en tu libro y la forma tan acompasada que tienen de “moverse” para hacer que la narración fluya. ¿Te costó mucho alcanzar a escribir una narración tan natural? ¿Qué ha sido lo más difícil en la elaboración de esta novela?
R.- Aunque partía de un entorno que conozco bien, cavilé mucho para que todas las piezas encajaran. Una novela debe funcionar como un reloj: hay que incardinar un diente de la rueda con otro para que en su tic tac no exista contradicción ni laguna; que nada suene raro. Mucho menos se rompa el ritmo, cayendo en un solo párrafo monótono. Eso, jamás. Debe funcionar como una orquesta de instrumentos que se aúnan en sintonía y sinfonía; una partitura acompasada, como afirmas se desenvuelve “Desayuno para el muerto”. Repasé, rompí y reordené tantas veces como consideré oportuno para lograrlo. Con más esfuerzo en que la intriga funcionara que hacia “la pluma empapada en los tinteros de excelsos escritores” (sic) que uno mejor que yo me atribuía en 2013

P.- Intrigas diplomáticas, asesinatos con indescifrables móviles… en Desayuno para el muerto se dan cita temas candentes y siempre en boga, los ingredientes perfectos para una buena novela negra. ¿Qué crees que ofrece este género a la gente para ser tan popular? ¿Qué te aporta a ti como escritor?
R.- Este género edifica su fabulación desde lo cierto. Y le resultan imprescindibles defectos y anhelos realistas de los personajes, así como temas de candente actualidad. Una aventura de buenos y malos con un peligro inexistente hoy, no es negra. Puede ser un buen cuento, si se quiere. En cambio, por “Desayuno para el muerto” interactúan protagonistas con virtudes más fallos, con valentías o miedos; y se mueven con motivaciones coherentes para asuntos verosímiles; próximos. Eso engancha. Y me aporta que permite conjugar el verismo histórico con la ficción; los seres creados con comportamientos reales. Y debe narrase con sinceridad “como quien regala una confidencia o nos devela un secreto” (sic), que también me apostrofaron, esta vez en 2014.

P.- En tu libro nos asomamos a las sombras del poder político y diplomático, que tiene capacidad incluso para frenar los mecanismos del sistema con tal de mantenerse a salvo. Personalmente, ¿cuánto crees que sabemos los ciudadanos sobre lo que ocurre en el mundo y cuánto se queda en los despachos?
R.- A los ciudadanos nos ocultan la mayor. Algunos, que protegen su tinglado, acostumbran a justificarlo diciendo que somos incapaces de entender. Con la boca engolada, dictan que a veces no votamos lo que conviene (¿a quién?); y que por ello debe ser su dedo quien nos ordene el camino de la verdad absoluta. Ahí están esos tres mil despachos que se dedican a agasajar eurodiputados para que cambien leyes a fin de que, por un poner, se tiren a la basura cien millones de televisores y se compren otros tantos. Cuando se mueven tales fortunas, Maquiavelo se impone sobre la deontología. Por otras razones, se clasifican como secretos documentos tan importantes como los del 11M o 23 F, que consideran no debe conocer la opinión pública. Algunos de esos sucesos resuenan al fondo de esta crónica sobre servicios secretos, como ecos de una batalla lejana. Encima, los que escamotean información, cuentan con numerosos predicadores a sueldo. Por fortuna, existen los libros y las redes sociales.

P.- Por otro lado, tenemos que destacar la fiel caracterización de los personajes. Ello se nota, sobre todo, en los localismos que has introducido en sus diálogos. ¿Podrías hablarnos un poco de la importancia del lenguaje, tanto como instrumento narrativo como en el proceso de caracterización de un personaje?
R.- Para mí deben ser completos y tener hondura.  Error literario, por vagancia, sería poner “Lameiro es gallego, de aldea y veterano guardia civil de Información, destinado en el CNI, mientras Serrano es comandante de cazadores, madrileño, e hijo de jefe militar muerto en atentado, Recluta joven subinspector  del CNP casado, y Rizones experta karateca licenciada en sicología y derecho ”. Eso estoy obligado a mostrarlo por vía de sus reacciones, sus gestos y su lenguaje. Debo respeto a mis lectores; son muy inteligentes. Además, el cuidado en la particularidad de cada habla permite que los diálogos sean más dinámicos, sin tanta coletilla de “dijo fulano”.  Las tramas ocultas deben tener viveza y claridad en su exposición, y quedar nítidas cuando se cierre la contraportada.

P.- En la sinopsis del libro se indica que “el protagonismo es compartido con la ciudad de Pamplona”, ciudad muy próxima a tu natal Estella. ¿Qué importancia tiene la geografía en tus escritos?
R.- Mucha. Añado que a una geografía tridimensional. Es decir, todas mis páginas están envueltas en rigor de ambientación. Lo que incluye, desde la orografía y edificaciones, hasta las vestimentas, condumios o armas.  A tal fin, me muevo en aguas que domino, a la par que me documento exhaustivamente. Se puede apreciar tanto en mis novelas como en mis relatos. Intento queden redondas y además, que sean fuente de información. Los ojos que las escruten, he de conseguir que se muevan por lugares que les son ajenos como si fueran los suyos propios, o reconociendo aquellos controlan.

P.- La novela negra no es el único género que cultivas. Has publicado relatos de humor, históricos, góticos, etcétera. ¿Con cuál te sientes más cómodo y con qué otros nuevos te gustaría probar (si los hay)?
R.- En realidad mis textos tienen de todo. “La quinta carta” parece una obra histórica, cuando en realidad se trata de negra ambientada en el XVII. Y siendo de esa manera le atribuyeron “fino humor, ironía menos hiriente, los guiños al lector” (sic). En este “Desayuno para el muerto” ocurre algo similar: siendo trama seria, aparecen aquí y allá, disimulados, esos golpes de humor que tiene la vida; si no estuvieran sería menos real. Puedo decir que, aunque lanzo amplias incursiones en el ensayo y el artículo, e incluso, más escasas, en poesía, es en la narrativa donde me encuentro más cómodo. Ambientada en la época actual u otra anterior; corta o menos breve.  Por centrarnos, sí que me noto más habilidoso con argumentaciones entre policíacas y góticas, abarcando todo su campo intermedio.

P.- ¿Cómo ves tu evolución como escritor?
R.- Yo me exijo mucho. De tal manera que, cuando releo mis anteriores publicaciones, a pesar de su éxito de crítica o comercial, les encuentro defectos. Eso me ayuda a mejorar.
Creo que he avanzado en madurez literaria, y desde aquí animo a que lean “Desayuno para el muerto”. En él, desarrollo una urdimbre que atrapa desde la primera página en la garra de una trama incandescente; al rojo vivo. Resalta tan encarnada como un pañuelo de San Fermín en camisa impoluta; así que mancha de sangre sobre prenda blanca, en esa mañana donde racimos de puntas amagan hacia las espaldas…

Desayuno para el muerto se presentará en los próximos días en el Festival Atlántico de novela Tenerife Noir.