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12.8.26

Luis Leante: “El canto del zaigú es una historia entre el género negro, el costumbrismo, la sátira y el esperpento”

 


P.- Por tercer año consecutivo publicas una novela con M.A.R Editor. En este caso se trata de una novela que se publicó por primera vez hace 26 años. ¿Por qué esta mirada a las obras anteriores?

R.- La velocidad a la que se suceden las novedades editoriales me produce vértigo y bastante frustración. Y lo digo desde el punto de vista del escritor. Me gusta, a veces, echar la vista atrás y volver sobre obras que publiqué hace años y que en su momento fueron importantes para mí, pero que quedaron enterradas en la memoria bajo el peso de mis novelas posteriores. Es como mirar el álbum fotográfico familiar y reconocer momentos y lugares en los que uno fue feliz. En ese caso, al mirar atrás, he tenido la sensación de que esta novela tenía algo de anticipativo sobre los cambios sociales y de costumbres que nos venían con la entrada del nuevo siglo.

P.- La ubicación temporal: no hay referencias del tiempo que se desarrolla. En algunos momentos tenemos la sensación de estar leyendo una novela situada en los años 60 o 70 del siglo pasado, y en otros podría estar en los albores del siglo XXI.

R.- Exacto. No se puede decir que sea una novela atemporal, pero sí es cierto que no se ofrecen datos concretos. Sin embargo hay detalles que pueden ubicarnos en una época más cercana al siglo XXI que al XX. En realidad, aunque no se dice, la acción se desarrolla a mitad de los años 90. Y la dificultad para ubicarla sin referencias es que en ese final de siglo se vivió en algunas zonas rurales un extraño proceso evolutivo: por una parte seguían vigentes las viejas y a veces rancias costumbres y tradiciones heredadas a lo largo de décadas, o incluso siglos, y por otra parte había una generación que luchaba por entrar en la modernidad. Esa convivencia fue lo que me llamó la atención, y sin saberlo en ese momento resultó una historia en donde se anticipaban fenómenos que aún no se habían desarrollado.

P.- La primera edición (2000) fue presentada como novela negra, pero cuesta encasillarla en el género. Parece una mezcla de novela negra, novela social, sátira. ¿Cómo la definirías?

R.- Aunque no me gustan mucho las etiquetas, quizá en este caso podría servir para entender cosas que se intuyen en la novela, pero que pueden llegar a desconcertar a un lector crítico. Efectivamente, la novela ganó en 1999 el Premio de Novela Negra Rodrigo Rubio y fue publicada con esa etiqueta. Yo soy lector de novela negra, pero nunca había entrado en el género, excepto algún relato corto. Lo que hice fue utilizar los elementos de la novela negra clásica, desmenuzarlos y llevarlos a un pequeño pueblo de León, en un entorno rural y muy reducido en el que nunca ocurre nada, para hacer un retrato social que supera el propino género negro. Era como utilizar la técnica de la pintura impresionista para pintar un bodegón. En este caso los escenarios cosmopolitas del género clásico se hicieron rurales, el antihéroe que a veces es el narrador se convierte aquí en una historia coral contada desde distintos personajes. La femme fatale es aquí una maestra joven, que pone patas arriba la convivencia de los hombres del pueblo, anclados en la mayoría en una rancia tradición de supremacía que es aceptada por algunos. Aparecen las ruinas y miserias humanas en contraste con la lucha de superación. El resignación frente a la esperanza de los jóvenes de salir de ese entorno. Hay muertes misteriosas, una investigación, un policía alcohólico y, sin embargo, también tiene partes del género satírico y, sobre todo, influencia del Valle Inclán en ese esperpento tan nuestro. O al menos así lo planteo yo.

El canto del zaigú es una historia entre el género negro, el costumbrismo, la sátira y el esperpento.

P.- Sí, a veces parece una parodia del género negro. Y, abundando en esta cuestión, ¿se podría decir que esta novela es al género negro lo que El Quijote es a las novelas de caballería?

R.- Salvando las enormes distancias y subrayando que yo no soy Cervantes ni podría serlo en varias vidas que siguiera escribiendo, es justamente así. Cervantes reproduce los esquemas de las novelas de caballería, pero no escribe una novela de caballería, aunque muchos la consideraron así en su tiempo. Yo utilizo la estructura de la novela negra, pero escribo otra cosa que no sé definir. Y, sin embargo, tiene alguno de los vicios y virtudes de ese género negro donde el machismo, los comportamientos miserables de los personajes no pueden interpretarse como una apología de las miserias, sino un retrato que intenta convertirse en espejo social. A veces tenemos un gran concepto de nosotros mismos hasta que otros nos retratan o nos colocamos delante del espejo, en este caso literario. Esta novela hace en parte esa función de espejo social, pero deformado con los espejos del Callejón del Gato, que tanto juego le dieron a Valle Inclán.

P.- La novela está ambientada en un pueblo de León real, Valderas. Y se nombran pueblos de la zona que no son invención tuya. Sin embargo, tú has dicho en alguna parte que Valderas no es más que un escenario que te sirve para inventar un lugar.

R.- Sí, de nuevo utilizo la realidad para crear una ficción. Valderas es un pueblo que ha sufrido una despoblación brutal en las últimas décadas, pero en este caso no deja de ser un escenario para contar una historia. El pueblo de la novela, aunque se llama igual, es más pequeño. Es verdad que los edificios, las calles, los parajes son reales, pero no son más que decorados para una trama ficticia. Los nombres de los personajes se corresponden con habitantes de Valderas (Tiburcio, los Benitos, Socorrico, etcétera), pero no son solo nombres. Son como los extras de una película, que actúan con su propio nombre, pero representan personajes. Hay personajes como Jesucrito o Paulino Pimentel que están sacados de otros relatos anteriores, pero también tienen nombres de personas a las que he conocido. Y no me refiero a Jesucristo, hijo de Dios, sino a un profesor de instituto que se llamaba así. Y su esposa se llamaba Magdalena. La realidad a veces te pone en bandeja las historias.

P.- ¿Qué ha cambiado en los último veinticinco años en ese mundo rural que describes?

R.-: Muchas cosas, tanto para bien como para mal. Para empezar, la Castilla que yo reflejo está más despoblada y olvidada que hace unos años. Los jóvenes se diferencian mucho menos de la juventud urbana. La globalización, la tecnología los ha igualado con los jóvenes de casi cualquier parte del país, o del mundo. El progreso tecnológico ha supuesto una revolución para el mundo rural y un avance en muchos sentidos. Pero la brecha de desigualdad de oportunidades ha crecido. Algunos avances no han servido para sacar a los pobladores del olvido, pero sí les ha facilitado la vida. Por una parte se avanza en muchos sentidos, pero al mismo tiempo la sensación de frustración en una parte de la población es grande.

P.- En la novela hay una búsqueda por parte de algunas personas de atraer gente al pueblo para revitalizar la economía con el turismo. ¿Esto es también una anticipación de lo que iba a venir con el cambio de siglo? Me refiero a la masificación turística.

R.- Es posible. Pero no hacía falta ser adivino para suponer lo que iba a pasar. España es un país turístico sin ninguna duda, pero ese turismo rural que ahora está creciendo era casi inexistente hacer 25 o 30 años. Al menos en algunas zonas. Yo recuerdo hace algunos años un pueblo al que llegó un japonés y los niños salían a la calle para verlo de cerca y tocarlo. Hubo un esfuerzo por “poner en valor” lo que cada comunidad, cada pueblo, cada rincón tenía de particular y mostrarlo al exterior. Y en algunos casos se inventaron esos “valores” y trataron de hacerse “únicos”. Igual que pasó con ciudades de costa, que fueron a buscar a los turistas al extranjero, también en algunos pueblos se buscó la forma de traerlos y hubo una competición para ver quién traía más. Por ahí va un poco la sátira que supone esta novela.

P.- ¿Se puede decir que tu llegada a Valderas supuso una especie de revelación que te llevó a escribir la novela?

R.- No, más bien supuso encontrar el camino de una historia que quería contar desde hacía tiempo pero no tenía, digamos, “los materiales” necesarios para construirla. Yo vengo de una zona rural y conozco ese mundo desde que era un niño. Pero la cercanía, tal vez, me impedía contar lo que tenía a mi alrededor. Diez años antes de llegar a Valderas, un amigo me contó bajo el acueducto de Segovia una historia que ocurrió en su pueblo, en la Sierra del Segura: el maestro murió durante una nevada, los servicios funerarios no pudieron llegar porque se quedó aislado el pueblo y tardaron más de una semana en abrir la carretera. Como no podían enterrarlo sin más, subieron el cadáver del maestro al piso superior del ayuntamiento y allí estuvo siete días, con las ventanas abiertas, en una habitación que funcionó como cámara refrigeradora. Aquella historia me pareció terrible e interesante a la vez. Yo quería escribir sobre aquello, pero no encontraba el hilo para continuar la historia. Pocos años después, un editor me contó que conoció en Toledo a unos vigilantes de la Casa del Greco que ofrecían a algunos turistas electos y escogidos, a cambio de una módica cantidad de dinero, la posibilidad de entrar en la alcoba del Greco y ver la cama en que murió. La realidad era que la cama era un cabezal antiguo y varias caja de fruta sobre las que habían puesto un tablero y una colcha antigua de la suegra de uno de ellos. Esa imagen, de repente, prendió como un chispazo con la imagen del maestro en el piso superior del ayuntamiento. Y en cuanto llegué a Valderas comprendí que ya lo tenía todo para contar la historia.

Todo sobre el libro en https://www.mareditor.com/narrativa/El_canto_del_zaigu.html 

Entrevista a Bernar Freiría por “Mientras dure el resplandor”



 P.-¿Desde qué momento histórico abarca tu novela y hasta cuando llegan las vivencias de los personajes?

R.-Arranca en los años finales de la década de los sesenta del siglo pasado —tardofranquismo— y llega hasta los primeros noventa. Un periodo fascinante, porque durante esos veintitantos años España experimenta unas transformaciones sin parangón en nuestra historia. Situar una novela en ese periodo ha sido un reto apasionante. Seguir la evolución de los personajes cuando el país se encuentra en ebullición y que protagonistas y sociedad queden reflejados en una trama novelesca verosímil es mi apuesta como narrador.

P.-Mientras dure el resplandor lleva a pensar en las grandes novelas del boom hispanoamericano por mezcla de historia, política y realidad social y el intento de ser una novela total, que representa la realidad de manera completa y compleja.

R.- Así es. Hay un intento de que mi novela sea una novela total en la que las peripecias vitales de los distintos personajes se inserten en una realidad social que se transforma y que los transforma. España sale de un corsé rígido impuesto por el franquismo, y la creatividad, la búsqueda y sobre todo la esperanza es lo que mueve a los protagonistas de la novela en la persecución de horizontes más dilatados. El sueño de la plenitud vital parece por fin posible y algunos se lanzan a perseguirlo. Novela total o novela simplemente. Sin ningún calificativo de género.

P.-Revolución de los Claveles, nueva libertad sexual, oposición al franquismo, el sueño de un mundo mejor y la realidad cruel y despiadada del mundo creado por aquellos que soñaron otras vidas. ¿Una novela que empieza optimista y poco a poco va mostrando en lo que hemos quedado?

R.- Se trata de una novela realista y la realidad acaba imponiéndose. Y si el corsé del franquismo impedía crecer, la realidad va mostrando que el crecimiento no puede ser ilimitado. Existen los límites y el límite inexorable es la muerte, que siempre nos ronda hasta que nos alcanza. En la juventud uno cree que todo es posible. La madurez suele ser más cruel. Vale para las personas y para los países. La nueva España nació con el cambio de régimen y nuestra madurez es tan espléndida como soñamos y tan cutre como estamos viendo.

P.-Germán lo vivió todo con intensidad: el amor, la amistad, la política, los negocios, la culpa y el dolor de la pérdida. ¿Crees que nos podemos sentir muy identificados todos aquellos que nacimos en la generación del boom de natalidad?

R.- La natalidad experimentó un boom en un momento especialmente intenso de la vida del país. Nuestros padres se lanzaron a procrear cuando creían que podían darnos un porvenir luminoso. Y los hijos del boom nos lanzamos a vivir con toda intensidad. Eso es justamente lo que pretende reflejar el protagonista de mi novela. Vive con pasión y experimenta constantemente. En este momento no hay introspección. Creo que los jóvenes más inquietos de los setenta y los ochenta más que conocerse a sí mismos, buscan fuera de sí aquello que creen que los va a colmar. Con el reflujo de la marea, algunos vuelven la vista hacia el interior y eso es lo que hace Germán, el protagonista de Mientras dure el resplandor, repasando con su amigo escritor su trayectoria vital. De alguna manera Germán encarna un hijo del boom con el que nos podemos sentir identificados. Pero creo que Germán es también una metáfora de la juventud, de cualquier juventud y de cómo esta va desembocando en la madurez y el desencanto.

P.-¿Cómo nos presenta la nueva sexualidad que nace a comienzos de los 70 y es heredera del mayo francés y de los movimientos yanquis?

R.- La sexualidad en los setenta también se concibe como un campo experimental. Aquí también se rompen los corsés. La llegada y generalización de los anticonceptivos, que data de aquella época, trajo consigo la liberación de las costumbres. El Power Flower que viene de América, el mayo francés y los nuevos teóricos de la liberación sexual encuentran eco en algunos jóvenes españoles que se lanzan a probar un sexo que no sea hipócrita, ni mojigato, ni culpable. Se abre la espita del placer y, a veces, planteamiento teórico y sentimientos no discurren por los mismos caminos y eso produce dolor en algunas manifestaciones de ese sexo experimental. Nada es simple. Tampoco el sexo.

P.-¿Muchos padres que lo han dado todo por sus hijos se verán reflejados en el distanciamiento de la hija?
R.- Esa sensación de darlo todo muchas veces no concuerda con la apreciación que tienen los hijos. En la novela precisamente se confronta la visión de la hija y el choque que sufre el padre cuando ella le hace duros reproches. La novela no toma partido ni por el uno ni por la otra. Simplemente muestra lo trágico del conflicto. Cualquiera, como padre o como hijo, puede sentirse identificado y al mismo tiempo la novela le brinda la visión del otro.

P.-Hablas del Patronato de Protección a la Mujer, una institución que ha marcado a muchas mujeres jóvenes que vivieron su infancia o adolescencia en aquella época. ¿Cómo era?

R.- El Patronato de Protección a la Mujer fue una institución creada por el franquismo que respondía al carácter autoritario de la dictadura y a la consideración que tenía de la mujer como un entidad vicaria a la que había que proteger de sí misma. Piadosas monjitas, imbuidas del espíritu de la época, disciplinaban con severidad hasta llegar al maltrato sádico a las jóvenes bajo su tutela. Para ingresar en alguna de las instituciones colaboradoras del Patronato y regentadas por monjas bastaba el embarazo de una soltera de una familia humilde, cualquier tropiezo con intervención de la policía o, simplemente, que unos padres consideraran que su hija rebelde tenía que ser reconducida al buen camino. No hay que olvidar que el Patronato sobrevivió a la dictadura y solo fue clausurado en 1985, diez años después de muerto el dictador. Ahora se empieza a sacar a la luz la existencia del Patronato y las terribles historias de alguna de sus tuteladas. En la novela aparece el Patronato en acción y algunos de los peculiares personajes que nutrían sus juntas provinciales.

P.-Da la impresión que pretendes representar la complejidad española, su historia reciente, la violencia, la desigualdad, la memoria y la cultura. Y mostrar cómo hemos llegado hasta aquí.

R.- Siempre digo que yo hubiera querido escribir la Pastoral americana de Philip Roth. Y en esta novela hago el intento de escribir la Pastoral española. La obra de Roth describe el fin del sueño americano que se produce en los años sesenta. En Mientras dure el resplandor se fabula el sueño que produjo en buena parte de la sociedad española la muerte de Franco y el fin de ese sueño en los años noventa. Todo ello a través de la figura de Germán Vieitez y su odisea particular en la que hay lucha, miseria, plenitud, sueños alcanzados, pesadillas y despertares.

P.-En la novela hay dos ciudades reconocibles: Madrid y Barcelona. Pero todo acontece en lugares con nombres inventados: Neboenta, Celade, Valdocastelo… ¿Por qué esa necesidad de crear lugares de ficción?

R.- Si la novela es ficción ¿por qué no ha de serlo el territorio en el que se desarrolla? Macondo, Región, Comala, Celama… son nombres de territorios ficticios fértiles para la imaginación. Espero y deseo que los de Mientras dure el resplandor también lo sean y que el lector se aventure a explorarlos.

Toda la información en https://www.mareditor.com/narrativa/Mientras_dure_el_resplandor.html  

Entrevista a Eduardo Caballero por “Peregrino”

 


P.- ¿Peregrino es una novela que puede leerse además como un libro de cuentos?

R.- Sí, desde luego. El proyecto comenzó a gestarse a partir de dos relatos narrados por niños, de hecho. La voz de los narradores y sus relatos sugerían una profundidad mayor y pronto se englobaron en una idea más amplia bajo el título provisional Estudios en Em (Mi menor). Esta tonalidad, quizá la más sencilla en guitarra, expresa calidez, melancolía, emociones intensas… las melodías en esta tonalidad mueven a la reflexión y a la intimidad, a la nostalgia y a sensaciones entrañables, y aquellos relatos en primera persona, protagonizados por una niña y un niño respectivamente, hablaban de una vida interior profunda y de dos visiones: la femenina y la masculina, que forman parte de cada uno de nosotros, tanto interiormente como en nuestras relaciones con el sexo opuesto. Supongo que en ese momento encontré el tono de escritura y la perspectiva visual y creativa de Peregrino, que incorpora esas y otras sensaciones en los distintos ámbitos de la vida y en las diferentes épocas que atravesamos con el tiempo en tanto maduramos y envejecemos. Esto son los relatos, que van llevando el uno al otro y construyen la novela: la visión de la vida que no se presenta aséptica ni limpia de impurezas sino que, afectada ella misma por las vivencias familiares y sociales, por los demás y el mundo de fuera, va moldeándonos con experiencias desde muy temprana edad y esculpiendo nuestro complejo mundo interior. Nuestra narrativa interna es una novela construida con relatos, igual podemos considerar exclusivamente un relato como podemos considerar la novela completa. Peregrino es esta novela, que puede leerse como un libro de relatos y que enriquece en su conjunto.

 

P.- 5 grandes líneas marcan las aventuras de nuestros protagonistas: la familia como nido en el que aprender la percepción del mundo, pero también entorno en el que desarrollar la imaginación y la evasión.

R.- Sí, sin duda es el punto de inicio, ella supone nuestras primeras referencias vitales y del mundo (o lo que entonces consideramos como mundo) y es la primera en tallarnos y moldearnos con hábitos, costumbres y miradas. La familia puede suponer hogar, pero también dolor y sufrimiento. Esta ambivalencia es la primera referencia que podemos obtener sobre la vida y la primera paradoja, y tal vez sea la que nos deje una impronta más profunda por la confusión que produce a una edad temprana en la que no se encuentra formada la conciencia enteramente y se carece de recursos emocionales. Miramos al mundo después de ser tallados por la familia e inicialmente lo hacemos desde la mirada de la familia. Ahora bien, la imaginación y la creatividad son claves en nuestra formación, en primer lugar como medio de evasión. Ante la confusión, la incomprensión, la falta de atención, el dolor o el sufrimiento, un niño, incluso un adolescente, se refugia en la evasión, busca o construye esa cabaña en lo alto de un frondoso árbol en medio del espeso bosque. Es inevitable la búsqueda de otros mundos mejores y más propios ante la necesidad de huir y de ser diferente, y ahí es donde comienza a forjarse la imaginación; en la lectura, la composición, la pintura, la escritura, el amor…

 

P.-¿Cómo surge la introspección en tus personajes? ¿Se alcanza a comprender el sentido de la vida?
R.- La incomodidad, el rechazo, el disgusto, el dolor, producen inquietud, una inquietud que nos mueve a anhelar algo que consideremos mejor por considerarlo propio. La introspección surge de esta inquietud de cuyo origen no somos necesariamente conscientes al inicio, sin embargo la inquietud sí está en nuestro consciente y se vuelve casi material. Podemos desfogarla en la inestabilidad y con cierta agresividad tanto externa como interna, pero también podemos ser amables con ella. En todo caso, mueve a la introspección, a indagar sobre nosotros y nuestras circunstancias, a remover nuestro interior para tratar de saber dónde se encuentra la avería, si somos así de manera natural o alguien nos ha desarreglado o metido algo dentro, si tenemos arreglo o qué podríamos hacer con nosotros mismos. Quizá no encontremos las respuestas concretas que deseamos, pero también es posible que encontremos el medio por el que encontrar cierta estabilidad y cierta armonía. La introspección es, sin duda, el medio por el cual tenemos una oportunidad de comprendernos y de comprender el mundo. Tampoco se trata de dar sentido y menos a la vida, que carece de él fuera de la supervivencia. La vida es desordenada, imprevisible y contradictoria, es mejor comprenderla que encontrarle un sentido. La comprensión es la que mayor paz interior y armonía nos aporta, la que mejor perspectiva nos da de las cosas y de la vida, y en la que encontramos nuestros mejores recursos para vivirla y para sobrevivirla.

 

 

 

P.-¿Cómo van viviendo tus protagonistas el paso del tiempo, la soledad, el destino?

R.- Existen diversas voces, como las hay en nuestro interior, en función de la situación y del momento. No reaccionamos de la misma manera según el momento o la circunstancia. La soledad, el paso del tiempo y el destino suelen producir desazón y desasosiego. Los personajes protagonistas responden con la introspección, con una cierta dosis analítica en la que las emociones les recuerdan su humanidad en el sentido de normalizar la afectación por el paso del tiempo y la soledad, otra cosa es lo que hacen con ello después de averiguar la causa de esa soledad, si están a gusto o no en ella y si desean hacer algo para cambiarla. El paso del tiempo es inevitable y solo puede obrarse sobre la manera en que vives cada época y cada momento, tu actitud ante cada edad es tu actitud ante la vida y viceversa. Los protagonistas lo encaran, son conscientes de su tiempo y de su soledad, y aceptan o temen su destino casi a partes iguales.

 

P.- ¿Puede resultar traumática la percepción de la existencia y el “destino”?

R.- Sí, claramente. A cada cual en su medida, desde luego. Lo interesante, a mi parecer, es lo que se hace con estos tres elementos, con la existencia, con el destino y con nuestra percepción de ellos. Podemos actuar sobre nuestra percepción y sobre nuestra existencia, que es actuar sobre nuestra esencia. La forma de abordar el destino depende del momento en que se hace: si a priori o a posteriori de haberse cumplido éste. Si alguien cree que caerá al mar desde el acantilado, los evitará; si ha caído al mar, pensará en nadar y en cómo salir de él… o se dará por muerto. Ambas cosas resultan traumáticas, pero, a mi parecer, el destino solo es un elemento vacuo. Existe el devenir coherente de la causalidad; nuestros actos, pensamientos y decisiones, unidos a los de los otros, conllevan una concatenación de sucesos que producen un resultado determinado. Puedes llamarlo destino, pero no es tal en realidad, solo existe una tendencia extremadamente sensible a verse alterada. Puede resultar traumática la percepción del destino, desde luego. Ahora bien, qué se hace con esa percepción es lo interesante desde mi punto de vista. De igual manera, me parece de interés lo que hacemos con ello. Ahí es donde se encuentra mi visión de la literatura, no tanto en lo que sucede, en la percepción o en el trauma, sino en lo que hacen con ello los personajes (personas, al fin y al cabo).

 

P.- Infancia y adolescencia son períodos de aprendizaje, recordados como el paraíso, pero con dolor y pérdidas, ¿Cuál es la influencia de los recuerdos y experiencias en el presente?

R.- Es determinante, quizá porque no es una influencia consciente y porque no se tienen herramientas ni recursos suficientes en esas edades para digerirlos o tratarlos. Uno, digamos, se encuentra indefenso entonces para siquiera ver con claridad esa influencia. Los padres son la primera influencia, sin duda ambivalente, en el sentido de poder ser más o menos agradable o desagradable. Nuestra forma de recordar a nuestros padres se encuentra marcada por el mal o el bien que nos hicieron y, generalmente, el predominante suele ocultar al ocasional. Es decir, el bien oculta el mal en nuestra memoria y el mal oculta el bien. Solo eso es una manera de distorsionar nuestra visión y nuestra experiencia. Con esa distorsión es con la que abordamos las situaciones presentes y afecta a nuestra manera de entender, de comprender, de reaccionar y de actuar ante acontecimientos parecidos, similares o meramente temidos o supuestos. Son períodos de la vida que podrían considerarse fuentes de las que uno bebe continuamente, con mayor o menor conciencia; suponen nuestro primer contacto con el exterior (la escuela, el parque, los primos, los hermanos, la familia, los amigos, el médico, el amor, el desengaño, el dolor…) y con nuestro interior.

 

P.-¿Llega un momento en el que es necesario abandonar las preguntas existenciales y las ensoñaciones?

R.- Sí, ha de llegar. No es un momento definitivo y puede producirse en diversas épcas de la vida, pues la ensoñación y las preguntas existenciales son una útil herramienta para conocerse a uno mismo y para abordar sucesos y pensamientos, entre otras cosas, a la par que son un camino para crecer y hacernos mejores. Nuestros padres nos hablaban de tener los pies en la tierra y hacían gran hincapié en ello, lo que significaba ser práctico, tener un trabajo, una familia, una estabilidad material, ser buena persona, puntual, agradecida, mínimamente generosa. Abandonar estas preguntas y ensoñaciones también nos procura un reposo, descansar de la tensión y la ansiedad.

 

P.-Hay varios narradores en Peregrino. ¿Quiénes son?

R.-La idea subyacente en ellos es la de un narrador masculino que expone su lado femenino. Esto se muestra en dos voces narradoras: una femenina y una masculina. Ambas se disgregan en los distintos narradores de cada relato, cada uno con su perspectiva, sus emociones, su identidad y su contexto. Peregrino construye con estas voces narrativas un hilo narrativo común que aporta una perspectiva vital general de la novela en su desenlace como si uniera cuentas en un collar que encuentra en su broche la razón de ser y el significado vital de su existencia. Una niña sacudida pronto por la muerte y la violencia, un niño que encuentra en su imaginación su primera idea del mundo, otra niña ansía hacerse mayor y se encuentra, en esos primeros pasos, con la crudeza que ello implica; un hombre ingresado en una residencia muestra el trasfondo que conlleva el aislamiento y la necesidad de protección, otro hombre, en el esplendor de la mediana edad, elude encontrarse con la parte de sí que ha cometido un asesinato, una mujer regresa a casa de vuelta de una evasión…

 

P.- Es esencial la relación con los padres y su impacto en la identidad del personaje. Los humanos tenemos tendencia a ser los jueces más severos de nuestros propios padre. ¿A qué conclusiones llegas?

R.- Es probable que seamos los jueces más severos porque existe una distancia insoslayable entre padres e hijos y nada llega a esclarecerse lo suficiente para unos ni para otros. Es difícil alcanzar una conclusión sin controversia. No nos pondríamos de acuerdo en determinar qué es ser un buen o mal padre y tampoco en qué consiste ser un buen o mal hijo. Los hijos presuponen haber sido buenos y disculpan sus errores o comportamientos atribuyéndolos a la edad, a la inconsciencia o al desconocimiento, en tanto los padres hacen lo propio atribuyéndolo al desconocimiento, las circunstancias o incluso a la forma de ser de los hijos. No obstante, y abandonando la dualidad del bien y el mal, podemos alcanzar algunas conclusiones: por lo general, la distancia entre ambos se debe a una falta de escucha, a una falta de comprensión y una carencia de apoyo mutuos. Es cierto que los hijos carecen de conciencia completa y recursos emocionales en las dos o tres primeras décadas y, por tanto, el mayor peso de responsabilidad recae sobre los padres. Si los padres escuchan, comprenden y apoyan, los hijos estarán más cerca de aprender a hacerlo. Los padres enseñan y los hijos aprenden, primordialmente, y aunque éste sea un camino de doble sentido. Sin estos elementos, existirá un desequilibrio importante en la relación. Si ahora sumas un determinado grado de violencia por parte de los padres hacia los hijos, el impacto en la identidad de éstos se incrementa de manera decisiva. Ahora bien, aun escuchando, comprendiendo y apoyando, nada garantiza una relación paternofilial sin impacto. Esos tres elementos puedan mellar definitivamente en la identidad. Literariamente, las relaciones paternofiliales son un foco interesante de atención y un germen narrativo interesante. Otra conclusión interesante es la aceptación, comprender que no somos nuestros padres ni somos nuestros hijos y aceptar que, finalmente, tampoco podemos cambiar demasiado aquello que fue, pero sí nuestra visión, incluso y sobre todo si se han tenido unos padres severos en exceso o demasiado permisivos. Solo podemos convivir con ello y, lo más fundamental, aprender de ello. Sin caer en la severidad, ni con ellos ni con nosotros mismos.

 

P.-En tu novela se respira el anhelo de libertad, pero ¿Cuál es la libertad que espera conseguirse, cómo es?

R.- Si podemos definir esa libertad la definiríamos como inalcanzable; no deja de ser un valor utópico. El ser humano no es libre y está preso de sí mismo y de muchas limitaciones y cadenas. Por ejemplo, su pensamiento y su forma de sentir están limitados por su lengua, sus costumbres, sus referencias culturales y sociales, su entorno y su infancia. Pensar libremente no es pensar lo que uno desee y de la manera que desee sino pensar libre de ataduras, prejuicios y limitaciones, lo cual es imposible. La libertad física tampoco es alcanzable. La novela apunta a un punto de libertad más posible que es la de los sueños, la de la imaginación y el anhelo. Imaginemos un mundo en el que todos fuéramos libres, ¿podría materializarse ese mundo en algún caso? La novela enfoca la idea de libertad como anhelo, como un horizonte lejano que contemplar sin alcanzarlo jamás porque es el punto de equilibrio de la existencia y es la manera en que podemos aceptar y aprender nuestra realidad más inmediata. Esa sería la libertad que desea conseguir el narrador, la del equilibrio y la paz interior. Se alcanza la libertad cuando puedes sentarte en un lugar propio a contemplar el atardecer inmerso en una perenne paz interior. La edad, el tiempo, las vivencias, la experiencia y la introspección son necesarios para alcanzar esa libertad. Ese es el viaje incesante del peregrino, descubrir que no tiene que moverse de su lugar sino encontrar el suyo propio desde el que la mirada, ahora sí, encuentra la perspectiva vital adecuada y algo de sabiduría. ¿Acaso no es la única libertad posible?


Toda la información en https://www.mareditor.com/narrativa/peregrino.html 

Entrevista a Olga Mínguez por “Un ángel en las trincheras”



P.-Una mujer rompe con su familia y marcha al frente de la Primera Guerra Mundial. Es un período en el que muchas mujeres se incorporan al mundo laboral o al frente. ¿En quién te has inspirado para hacer tu personaje?

R.-La verdad es que el personaje de Olivia es una mezcla de rasgos de distintas mujeres. Recoge parte de la tradición del campo ilicitano, de las mujeres que heredaron esa sabiduría. Pero no se queda ahí. Me parecía interesante unir esas características a las de las mujeres que anhelaban cambios, que buscaban otra forma de vida, que empezaban a hablar de derechos y de libertades. Mujeres que no estaban dispuestas a seguir aceptando el destino impuesto y que cambiaron los corsés por los uniformes de trabajo.

 

P.-Elche, en 1892. La madrugada en la que Olivia nació, su abuela Elvira sabía que estaba destinada a romper la tradición de las mujeres de la Villa de las Cerrajas. Curanderas, hechiceras, videntes, yerberas.

R.-Es una forma de rendir homenaje a tantas y tantas mujeres que han sido reprendidas y silenciadas a lo largo de la Historia. Mujeres que han ido heredando de madres a hijas unos conocimientos, unos saberes, tradicionales y que se tuvieron que enfrentar a los poderes establecidos, dominados siempre por hombres. Acusadas de brujería y de mil atrocidades, tuvieron que aprender a sobrevivir en las sombras, a protegerse unas a otras si no querían caer en procesos que les podría costar la vida.

 

P.-Vivirá la batalla del Somme, que dejó más de un millón de bajas. ¿Eliges esta batalla porque tiene para ti un especial valor simbólico?

R.- Elegí El Somme porque creo que es una de las batallas que más mención merece cuando hablamos de la Gran Guerra. Nació como una estrategia para aliviar Verdún, pero terminó siendo más mortífera que la propia Verdún. Se saldó con más de un millón de muertos, siendo la batalla más sangrienta para el ejército británico. Se la conoce como la “batalla equivocada” porque, aunque supuso una victoria táctica para la Entente, a penas se logró avanzar unos pocos kilómetros. Siempre me ha resultado increíble como una estrategia que surge para quitar la atención de otro lugar, acaba convirtiéndose en un escenario mucho más atroz que el primero.

 

P.-Romper con un destino marcado desde tiempos ancestrales? ¿Qué se puede encontrar a cambio?

R.-Yo creo que cuando una persona rompe con aquello que le ha sido asignado desde siempre, lo que encuentra es un lienzo en blanco. Un sinfín de posibilidades, de decisiones a tomar, de caminos que se abren. La libertad es justamente eso, el poder escoger qué pintar sobre ese lienzo, qué caminos transitar y cuales abandonar.

 

P.-Olivia vivirá entre pérdidas, dolor, violencia, traiciones e incertidumbre. ¿Qué aprende en el camino que ha emprendido?

R.-Aprende a vivir. Olivia recibirá golpes que no se esperaba, traiciones por parte de personas a las que idolatraba. Será duro para ella, pero también formará parte de un aprendizaje que la transformará como mujer y como profesional. Aunque es duro, creo que Olivia llega a ser la persona que será al final de la novela gracias a todo lo vivido anteriormente, aunque muchas de esas experiencias sean realmente traumáticas.

 

P.-Tendrá un encuentro con un hombre japonés que la llevará a pensar en la predestinación.

R.-Son los giros que harán que Olivia comprenda que la vida y sus decisiones no siempre tienen que tender a los extremos. Ella huye de las tradiciones heredadas, pero serán estas mismas las que la llevarán a encontrarse con el personaje del soldado, tan decisivo para Olivia y para el desarrollo de la novela. Olivia entenderá que hay cosas que forman parte de su esencia misma y que no es necesario rechazarlas, sino adaptarlas para que la acompañen en su búsqueda de identidad y de libertad.

 

P.-¿Cuál es el principal aprendizaje que la época de la Primera Guerra Mundial deja a Olivia, tu protagonista?

R.-Olivia aprenderá a valorarse no solo a sí misma, sino a todas sus compañeras. Es una forma de dignificar la profesión de enfermera de guerra, sobre todo cuando entienda que ellas, junto con los médicos, son un punto de luz para los soldados que esperan dentro del fango de las trincheras a que la muerte llegue. Olivia se hará fuerte cuando más hundida estaba, y sabrá alzar el vuelo no por ella misma, sino por todos aquellos que tenían las esperanzas perdidas. Su mayor aprendizaje es entender que es mucho más fuerte de lo que ella misma creía.

 Todo sobre el libro https://www.mareditor.com/narrativa/Un_angel_en_las_trincheras.html 

24.3.26

Entrevista a Rosa Huertas: “La especulación inmobiliaria es destructiva y nefasta para los vecinos y para quien desee vivir en la ciudad”.

 


Pregunta.- ¿Quién es el viejo alcohólico que “se tira” por la ventana y qué papel cumple en tu novela?
R.- Digamos que está inspirado en mi vecino de arriba. Lleva años complicándome la vida: me ha inundado la casa varias veces, su piso despide un olor nauseabundo y sería un alivio que se marchara, pero no hay manera. Tirarlo por la ventana en la ficción es una especie de venganza silenciosa, que no sirve más que como desahogo. En la novela, su muerte es el detonante de nuevos acontecimientos imprevistos.

 

P.- ¿Subyace en tu obra el temor a los casos cerrados en falso, a que podamos vivir en la creencia de que el culpable es inocente o al revés?
R.- Es posible, y también el temor a descubrir a un culpable que en realidad no lo es tanto. Los “malos” a veces se convierten en víctimas y eso tiene un lado bueno para la sociedad.

 

P.- Tu investigador ya había vivido un caso previo. ¿Está un tanto escarmentado por la vida?
R.- Totalmente, se ha jugado la vida de manera innecesaria y ahora prefiere los casos sin peligro alguno: seguimientos y pesquisas inocentes, aunque casi nunca lo sean. En realidad, es como la mayoría de los detectives privados, que se limitan a comprobar infidelidades y a seguir a empleados que están de baja sin motivo aparente.


P.- Destacan en tu novela las descripciones de lugares, todas en Madrid y en unos barrios muy determinados. ¿Cuáles serían los más importantes y qué función tienen en la historia?
R.- Transcurre en la zona del Rastro, Embajadores y también el barrio de Salamanca. Madrid es mi ciudad y el centro se ha convertido en un parque temático, los edificios emblemáticos desaparecen y proliferan los apartamentos turísticos y los locales de comida rápida. Un horror. Y yo lo veo de cerca. Es uno de los temas de la novela. Se expulsa a los vecinos del centro y ahora la invasión está llegando a los barrios. En la novela, el barrio y sus personajes (mendigos,residentes…) se convierten en protagonistas. Espero que mi primera novela en M.A.R. Editor sirva de denuncia de esta forma de destrucción de la sociedad.

 

P.- ¿Cómo Sofía, una escritora solitaria, acaba involucrada en estas dos muertes? ¿Tiene Sofía algo que ver contigo?
R.- El personaje de Sofía surgió a partir de mi propia experiencia con el vecino de arriba y de mis circunstancias de mujer escritora solitaria. Imaginé qué me ocurriría en una situación semejante y cómo me implicaría, por ejemplo, ante un caso cercano de violencia de género. Igual que a la protagonista, también me aterran los perros.

 

P.- A veces los asuntos de poca monta se complican de la peor manera posible? ¿Cómo se puede actuar en esos casos?
R.- En la realidad, lo mejor es acudir a las autoridades competentes; pero en la novela, los personajes quieren solucionarlos a pesar de su ingenuidad y su inexperiencia. Sin embargo, creen firmemente en su olfato detectivesco.

 

P.- ¿Estamos ante una novela soft blak, o noir suave, que mantiene la atmósfera sombría del hard boiled pero sin el nivel extremo de violencia y fatalismo?
R.- Siempre digo que yo mato poco. No sé hacer tramas enrevesadas ni me gustan los asesinos en serie (ni como lectora). Por eso el lector se sentirá cómodo cone sta lectura y estoy segura de que no se aburrirá, aunque apenas haya sangre. Siempre intento dirigirme a un público lo más amplio posible.

 

P.- Uno de los temas de la novela es la especulación inmobiliaria en Madrid. ¿Cómo de agobiante la consideras?
R.- La especulación inmobiliaria es absolutamente destructiva y nefasta para los vecinos y para cualquiera que desee vivir en la ciudad. Por desgracia, la especulación se remonta hasta principios del siglo XVII, ya el Duque de Lerma pegó un importante pelotazo inmobiliario. Hoy son los apartamentos turísticos los que surgen por todas partes: en locales donde antes había comercios de barrio y en solares donde hubo edificios históricos, que se derriban sin pudor.

 

P.- Eres una estrella de la novela juvenil en España. ¿Crees que Los perros huelen el miedo, siendo una novela para adultos, puede ser leída con gusto por adolescentes?
R.- Creo que también interesará a los jóvenes que se acerquen a ella, aunque en la novela no haya ningún personaje de su edad. No hago distinciones entre público adulto y joven. Escribo igual para unos y otros. De hecho, escribir para jóvenes es más complicado, es un público exigente al que tienes que atrapar desde la primera página y hacer que la trama mantenga el interés para que no suelte el libro. Como vengo de ahí, estoy convencida de que mis novelas son entretenidas por ese motivo: el lector no debe aburrirse nunca ni ha de sobrar nada en el libro.

P.- ¿Cómo llegaste a la novela policíaca?
R.- En muchas de mis novelas juveniles hay un misterio por resolver: buscar a una joven desaparecida misteriosamente en un baile de máscaras en el siglo XIX, encontrar unos poemas perdidos de Miguel Hernández, averiguar el nombre de un joven muerto hace 400 años y que colaboraba con Lope de Vega a la hora de escribir sus comedias, rastrear la pista de un cuadro desconocido del Greco, descubrir la verdadera identidad de un pariente repudiado por su propia familia... Estas son mis tramas juveniles. Hace unos años, mis amigos de Cartagena Negra me pidieron un relato negro para una antología y acepté el reto.Luego vinieron los libros conjuntos: Hotel Dante y Minerva en llamas. Disfruté tanto con la experiencia que decidí intentarlo con una novela. Y en 2024 publiqué El vértigo de los suicidas, en la editorial Alrevés.

 

P.- ¿Madrid te mata?
R.- Es una ciudad a la que amas y odias. Yo necesito alejarme de ella de vez encuando, creo que nos pasa a todos. Agota. Cuando voy a ciudades pequeñas me da envidia esa calidad de vida y fantaseo con abandonar la capital e instalarme en Murcia, en La Coruña, en Zaragoza o en cualquier otra que visito. Pero, al final, no me muevo y aquí sigo.

 

Ficha del libro https://www.mareditor.com/narrativa/Los_perros_huelen_el_miedo.html

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Entrevista a Miguel Ángel de Rus: “Ante la caída de Occidente por la llegada de los nuevos bárbaros, en Ciudades de Europa se plantea un futuro basado en la insurrección de nuestros hijos.”

 


Pregunta.- Caracteriza tu obra una sátira ingeniosa donde, pobre de la presa, le es imposible esquivar tu punzante pluma. Sin embargo, en Ciudades de Europa detecto nostalgia del pasado y pesimismo hacia el futuro. ¿Te haces mayor?
R.- Digamos que la experiencia te va mostrando que todas las promesas del pasado eran celadas donde caímos, inocentes. Creímos en una Europa mejor, que hubiera aprendido de sus errores, faro cultural de Occidente, y ahora vemos que el continente es sólo una esquina del imperio yanqui, que nos han impuesto sus valores, sus formas de vida, su cultura (por llamarle algo) y su hegemonía militar, económica y política, merced a los trapicheos de los políticos europeos, serviles a quien mejor les paga. Y todo con nuestra complacencia e inacción. Por ello en este libro se mezcla la sátira y la denuncia con la melancolía de lo que pudo ser y no será, pero sin olvidar los relatos donde los jóvenes, pasando por encima de nuestros cadáveres crearán otro futuro. Hay humor, pero un humor que pretende llevar a la reflexión.


P.- Hace 26 años publicaste Europa se hunde, donde ya incidías sobre el desmantelamiento ideológico y moral del viejo continente. Manuel Gutiérrez Aragón llegó a decir que era un libro profético ¿Qué similitudes tiene con Ciudades de Europa?
R.- En aquel libro un joven marroquí venía a España a buscar trabajo y un futuro de libertad; ahora vienen hordas de delincuentes soltadas por el dictador marroquí. En aquel libro el joven era un personaje real, que amaba más nuestras libertades, cultura, valores y logros que nosotros mismos. Ahora tendrá más de 50 años y estará decepcionado de nosotros. Hace poco me llevó un taxista marroquí, que bien podía ser aquel Said, que me dio una charla brutal sobre las nuevas hordas islámicas que asolan Europa. Era más crítico que yo. Y podría decir que se sentía más español que la mayoría de españoles. Estaba enfadadísimo con nuestra desidia.



P.- ¿Es una lectura para hacernos reflexionar?
R.- En líneas generales, nuestra generación y las siguientes ya no reflexionan o lo hacen poco y muy adoctrinados por los grandes medios de comunicación; están –o estamos- ocupados con el teléfono móvil, los vídeos cortos y las plataformas de entretenimiento. Huxley ya lo avisó hace décadas, que seríamos esclavos felices. En mis relatos hay personas que se salen de esas ideas impuestas y son distintos viviendo como ellos consideran, no como se les dice que han de hacerlo. Son el punto de esperanza del libro. En todo caso, los relatos son muy abiertos, no pretendo que se lleguen a unas conclusiones, sino que las historias buscan que el hipotético lector las de una nueva vida. Ante la caída de Occidente por la llegada de los nuevos bárbaros, en Ciudades de Europa se plantea un futuro basado en la insurrección de nuestros hijos.


P.- Buscas complicidad con el lector animándole a actuar y en este país somos propensos a arreglar el mundo en sobremesas o acodados en la barra de un bar. ¿Qué acciones propones?
R.- Esencialmente vivir la propia vida más allá de cómo esté bien visto, hacer cosas para siempre a pesar de nuestra finitud, no respetar las ideas dominantes, sino tener ideas propias y cambiar lo más cercano. Mis personajes viven situaciones distintas, a veces muy duras, otras románticas, pasan por el filo de la navaja, y creo que eso hará que haya lectores que se sientan identificados. NO incito a un Mayo francés o a una Puerta del Sol con tiendas de campaña, que hemos visto que no lleva a nada, sino a reflexionar sobre qué futuro debemos crear y cómo hacerlo. Y ponernos a ello.

 

P.- Maestros como José María Merino o Luis Alberto de Cuenca te ensalzan, comparándote con los mejores autores del Siglo de Oro, el listón está alto y tú mismo, en la introducción te excusas sobre la vanidad. ¿Qué preferirías, el premio Planeta o el Cervantes?
R.- En Ciudades de Europa hay mucha mitología y diálogo con obras literarias previas, desde el Rapto de Europa, o la celebración del nacimiento de Jesucristo hasta los mitos de Lisboa o la poesía de Vladímir Mayakovski, pero todo desde la melancolía y la sátira; es una obra que no busca una persona al otro lado del papel que sienta lo mismo, que se altere, que vibre, que se emocione. Esto implica una cierta soledad, un camino difícil y no hay porqué ilusionarse con premios. Mi mejor pago sería que me leyeran mis nietos.


P.- El escritor Luis Leante te definió como un lobo solitario.
R.- Se lo agradezco, también dijo que serlo hace mucho más difícil el camino, pero, como Edmond Rostand hizo decir a Cyrano de Bergerac, “¡Ya sé que en este combate no debo esperar el triunfo! ¡No! ¿Para qué? ¡Es más bello cuando se lucha inútilmente!”. En todo caso, creo que ha sido el primero en leer el libro y eso me complace.

 

P.- Otro escritor de larga trayectoria, Juan Pedro Aparicio, afirma que el mejor relato de amor que he leído es tu cuento “Más duro que nunca”. ¿Hay mucho amor en Ciudades de Europa?
R.- Lo hay. El amor juvenil con mucho futuro de “Pieles limpias en Zentralfriedhof”; el amor prohibido en “El cine Imperio”; el amor destruido por la guerra en “Maiakovskiy en Kramatorsk”; el amor ya muerto que renace en los hijos en “Arcachón: Le sucette à l´ anis”; el amor imposible que dura para siempre en “El rapto de Europa en Creta” y una historia real en “Al salir del Teatro de la Ópera de Minsk”. Amor y muerte son ingrediente tan importantes en Ciudades de Europa como la sátira y la melancolía.

 

Ficha del libro https://mareditor.blogspot.com/2026/03/ciudades-de-europa-libro-de-relatos-de.html

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23.3.26

Entrevista a Asier Aparicio: “Pueritia es el terreno inmenso de la libertad humana, donde se juega la existencia”

 


Pregunta.- ¿Quién es Ventolino y por qué crear una saga de él?
R.- Ventolino es un duende de la zona noroccidental de nuestra Península; pertenece un imaginario colectivo que hunde sus raíces en el mundo celta. Ventolino, y otros personajes como las xanas, los malismos, la paparrasolla, los ojancos o los oricuernos, son personajes prexistentes en nuestra mitología, pero a los que nunca se les dotó de una historia (al estilo de los mitos griegos, por ejemplo); solo se les definió por sus características. En ellos encontré un vehículo fascinante para traer a colación, sin dar la espalda a nuestra tradición, muchos temas de interés actual, como la amistad, la adolescencia, la relación padres-hijos… incluso el dolor y la muerte. Así nació la saga de “Ventolino”, con siete títulos distintos recogidos en dos libros: Las aventuras de Ventolino y La era del Oricuerno. Sus protagonistas crecen, maduran y evolucionan al compás de los retos que las historias les plantean.


P.-¿Y por qué una precuela, de dónde surge la idea?
R.- Bueno, ante un río caudaloso uno no deja de preguntarse: ¿de dónde brota tanta agua? La saga de “Ventolino” desborda imaginación: en los personajes, en las tramas, en su geografía… Estamos ante un mundo creado, aunque no de la nada. La pregunta contemplativa ante cualquier universo es siempre la misma: ¿de dónde sale, cuál es su origen, cómo se formó? Y a eso responde La quinta.

 

P.- Macondo, Comala, la Tierra Media, Celama… Escritores muy importantes han creado su espacio dentro del universo literario, ¿por qué nace Pueritia?
R.- Pueritia es el territorio de “lo posible”. Pero no de “lo posible” gratuito, sino de “lo posible” trabajado. Es el terreno inmenso de la libertad humana, donde se juega la existencia; un espacio que no es un don sino una conquista, que se gana con esfuerzo, con pensamiento… con bondad. El lugar de “eso posible” que para muchos resultaba imposible, pero que alguien, con su voluntad, hizo real. Pueritia, en fin, es el lugar de los niños, esa edad fantástica (y que podemos prolongar) donde las ilusiones resultan plausibles y los sueños alcanzables. Siempre me ha gustado la frase: “Como nadie nos dijo que era imposible, lo hicimos”. Pues eso.

 

P.- Las aventuras de Ventolino y La era del Oricuerno, una saga con el apellido de “juvenil”, ¿qué te parece?
R.- Me parece un término acertado, aunque reduccionista. Si “juvenil” solo se entiende como etiqueta marcadas por la edad, Ventolino no es nada de eso. A veces el mundo editorial encorseta a sus lectores. “Ventolino” funciona muy bien en los colegios e institutos, no cabe duda, pero, como digo siempre, es una saga apta para todos los públicos. Si alguien piensa que con cierta edad ya llega tarde para leer “El principito”, “La historia interminable” o “Harry Potter”, no sabe lo que se pierde… Lo mismo ocurre con Ventolino.


P.- En el prólogo de La quinta se dice que muchos cuentos de hadas nacen de una realidad traumática… ¿De dónde nace tu fantasía?
R.- En efecto, la fantasía y la imaginación son herramientas evolutivas de la humanidad desde el principio. En los momentos en que nuestra historia quedó paralizada en uno de sus atolladeros, alguien proyectó una nueva idea, un nuevo sistema de organización social, otra civilización… y el camino se despejó. Existe una fantasía de evasión y otra de solución; “Ventolino” nace de ambas. En cuanto a La quinta, los orígenes de Pueritia, se inspira en el trauma de toda una generación, la de mis padres, que vivieron un país enfangado en el odio de una posguerra. El reto era difícil: aprender a olvidar sin olvidar. Es decir, asumir el odio, marcar un camino distinto, y mantener la tentación de su regreso muy a raya. Porque las razones del odio siempre vuelven, y, por desgracia, no faltan personas que, por unas u otras razones, tratan de avivarlas.

 

P.- ¿Por qué decidiste escribir La quinta en forma de teatro?, ¿crees que es una historia para las tablas?
R.- Soy un escritor versátil, cultivo todas las formas literarias. Y muchas veces no soy yo quien elige las historias, sino que ellas vienen a mí; no sólo eso, me susurran la forma que quieren adoptar. En el caso de “La quinta” (y del teatro en general) los personajes me ofrecían tal potencia dramática, que se comprometieron desde el principio a sostener su historia ellos solos, sin la ayuda de contextos o descripciones espurias… sin la verborrea de un autor. Creo que es una historia muy similar a las que contaba Buero Vallejo. Es más, justo antes de ponerme a escribir, cayó en mis manos su obra Irene, o el tesoro, y fue muy inspiradora.

 

P.- ¿Habrá más noticias sobre Ventolino… o es un tema agotado?
R.- ¡Agotado, nunca! No sé por dónde, pero presiento que Ventolino va a seguir contando cosas…

 

Ficha del libro https://www.mareditor.com/liliput/la_quinta.html

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Entrevista a Samuel Marina Franco: “Bendita sea Castilla y León y sus gentes por regalarme trozos de su vida y pensamiento a través de sus palabras”.


Pregunta.- ¿Cuentos de la tierra es una obra que recoge la tradición literaria castellana, un determinado modo de usar el idioma, una visión de los territorios?

R.- Cuando las pequeñas piezas que conforman Cuentos de la tierra se fueron armando, comprendí que, entre ellas, tejidas, estaban las formas y usos que sin querer he ido adquiriendo del lenguaje. Unas veces porque lo escuchas y otras tantas porque te encandila. Mis palabras no son más que herencia del rastro que otros, sin darse cuenta, han dejado suspendido en el aire. En ese aspecto me gusta pensar que soy un perfumista que enfrasca el aroma de la lengua, su sabrosura, su deje y su picaresca.
Bendita sea Castilla y León y cada una de sus gentes por regalarme trozos de su vida y pensamiento a través de sus palabras, pero aquí no solo entran las tierras castellanas; Cantabria, Asturias, Aragón, Castilla la Mancha, Galicia, Extremadura, entre otros me han ofrecido parte de su cultura y humanidad. Cuentos de tierra utiliza el pueblo castellano como pretexto para señalar un motivo social universal. Vivimos juntos, con todo lo que ello conlleva.

 

P.- ¿Hay una reinvención de los pueblos, de las gentes castellanas?
R.- Es triste observar cómo Castilla y León es vista desde fuera, bueno, en muchas ocasiones desde dentro también. Soy consciente de que mi tierra no destaca en PIB, estado de bienestar u ocio rutinario, pero al igual que en mis relatos intento percibir las pequeñas cosas que hacen de mi comunidad un lugar con identidad, arraigo y carisma. ¿Que en Castilla y León somos secos? Pues con orgullo, no todas las personas son capaces de soportar una personalidad que se ha forjado con la misma dureza con la que se pisa el suelo que labra.

 

P.- Al mismo tiempo que tradición se ve evolución y las emociones principales del ser humano. ¿Cuáles serían, en tu opinión?
R.- Odio caer en la redundancia que un canon literario anterior ya ha establecido, pero en este caso es absolutamente cierto que dos pasiones principales mueven al ser humano: el amor y la muerte. Considero que el amor es la más fuerte. En ella se desglosa la filantropía (que falta nos hace) y la preciosa empatía. El amor es una suma de emociones plenamente sociales, que casi por efecto de neurona espejo, activa en mis relatos un cebo para que el lector se vea reflejado en los actos más caritativamente humanos y para qué mentirnos; no concibo el mundo sin amor, sin buenas personas y sin ese pequeño hilo de amabilidad que hace que las cosas funcionen. Por otro lado, está la muerte que, bajo mi concepción, no deja de ser un sinónimo de vida. Con La poética de lo imaginario de Durand comprendí que existe, susurrante, un miedo intrínseco a morir. Esto puede paralizarnos y contemplar la existencia como un abismo o armarnos de valor y batallar diariamente por el pedazo de Sol que nos corresponde. Temer a la muerte es la mejor manera de estar vivos.

 

P.- ¿Qué influencias tiene tu obra?
R.- La respuesta corta es el cuento hispanoamericano. La respuesta larga engloba a Poe, pionero y artífice de la rueca donde ahora todos tejemos nuestros relatos, a la mitología no solo griega (que tantos gustos me dio de niño), si no universal y a esos pequeños detalles que la anécdota oral sella como un leit motive. En mi obra hay hueco para el verso aurisecular, el ensayo al puro estilo de Unamuno y en, pequeños rincones, el absurdismo de Beckett. Para mi Borges encriptó el infinito en su biblioteca y solo el tiempo explicará por qué tuvo razón.

 

P.- Publicas tu primer libro con sólo 24 años, pero con 21 ganaste el XX Premio Internacional Sexto Continente de relato imponiéndote entre 182 textos recibidos de 27 países. ¿Aquel premio fue un espaldarazo definitivo para tus ansias de crear?
R.- Aquel premio fue un golpe de realidad, un hálito de vida. Siempre he escrito, aunque con dieciocho años empecé a tomármelo más enserio. Todo quedaba en un pequeño círculo que; aunque no lo entendía, me apoyaba y eso ya es más que suficiente. Tengo un irremediable miedo a estar muerto, a no haber dejado una huella en el mundo y supongo que es ese pavor el que inconscientemente me obliga a dejar por escrito aquello que siento, pienso o creo. No me importaba ser una pequeña voz entre la marabunta, para mí, mi propio discurso siempre sería algo digno de ser escuchado, aunque solo lo hiciese yo y sirviese para forjar mis convicciones. Ese concurso me ha hecho comprender que mis palabras merecen ser oídas por alguien más y que quizás, había algo de talento. No me importaría escribir aun sabiendo que con ello se escapa mi vida, porque sé que en el futuro esa moneda me va a volver.

 

P.- Ganaste aquel premio con un texto sobre la muerte de los pueblos castellanos: Requiem por Clarión de Campos. ¿Es una constante en tu pensamiento la lucha por salvar la España vaciada?
R.- No soy ningún héroe. No creo que yo, como individuo, genere algún efecto en aquellos que se niegan a ayudar o tender la mano. Mentiría si digo que no pienso en una utopía donde Castilla y León y otras tantas tierras volviesen a rezumar vida. Me duele mucho el abandono. Sin embargo, sí creo que la literatura es la semilla en la que germina la revolución. Revolución sin ningún cariz político, me refiero a una revolución plenamente humana, sin ideología de por medio o al menos sin una ideología que nos use como títeres. Algún día comprenderemos que la suma infinita de manos es capaz de parar un meteorito. Solo si sujetamos juntos, solo si somos capaces de no dejarnos caer. Así que sí, en mi obra la lucha contra la desidia que están padeciendo los pueblos de mi provincia, comunidad y país es una constante, porque nadie se merece morir en el olvido.

 

P.- ¿Se puede decir que hay un cierto humor en tu obra, a pesar de los temas profundos?
R.- Creo que la vida es horrendamente irónica, con el sabor que eso le aporta. La sátira está en desuso por su factor ético y por la castidad de valores que existen hoy en día. En mi obra no pretendo reírme ni menospreciar a nadie – la literatura no tiene que primar como insulto con ingenio- sin embargo, los vuelcos y giros que la vida ofrece embisten con tanta virulencia que en la mayoría de los casos, lo mejor es tomárselo con humor para defendernos, para devolver el empujón. La sátira de y hacia la vida no deja de ser una sátira hacia nosotros mismos, hacia lo vivido, con el desprecio que eso conlleva. Yo no pretendo ser irónico en mi obra, el chiste se cuenta solo.

 

P.- La portada es una extraordinaria ilustración sobre la mitología leonesa de Toño Benevides. ¿Se puede decir que en tu obra hay referencias a la mitología de la tierra?
R.- La región leonesa o soriana son una fuente inagotable de mitología, por su parte mi zona tiene cierta dificultad para ocultar en su naturaleza entidades sobre o anti naturales. He encontrado entre el imaginario popular brujas en el Cerrato o Tierra de Campos, hombres lobo y espíritus labriegos. Alguno de estos se merecía tener hueco en esta compilación de relatos. Sin embargo, abogo por que nunca es tarde para alimentar el folcklore con nuevas historias que ericen la piel, hagan reflexionar o busquen, de manera sobrenatural, explicar lo que la ciencia ya sabe, pero el misticismo admira. En esta obra he aunado tradición e impulso hacia el mañana. Un mañana onírico donde espero haber plantado semillas de casas abandonadas, túneles ocultos o cuerpos exageradamente deformados. Porque la mitología nace de las historias que inventan los pueblos para intentar dar solución a sucesos extraños, para advertir o para entretener y sé que los seres que habitan en esta obra darán mucho de que hablar.

 

Ficha del libro https://www.mareditor.com/narrativa/Cuentos_de_la_tierra.html

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Entrevista a Luis Leante: “Yo lo que hago es robar la vida a otros”

 

 

Desde hace más de una década, Luis Leante nos tiene acostumbrados a alternar la literatura juvenil con las novelas de adultos. Sin embargo, apenas seis meses después de publicar su novela Academia Europa, nos presenta ahora una nueva, Interpretación de la mentira, que rompe esa alternancia seguida hasta ahora.

 

P.- ¿Por qué otra novela para adultos en apenas medio año? ¿Se puede escribir una historia de 374 páginas en seis meses?
Respuesta.- No, claro que no. Yo, al menos, no soy capaz de hacerlo. La publicación de Academia Europa fue un regalo: publicar en M.A.R. Editor una novela que salió en 2003 y que hacía muchos años que estaba descatalogada. Reencontrarme con los lectores con este libro para mí fue una gran alegría. Interpretación de la mentira es un texto inédito al que le he dedicado unos cuantos años y que sale ahora como mi última obra escrita.

P.- Y además coincide con la segunda edición de Academia Europa. Supongo que eso será determinante para haber publicado con el mismo editor.
R.- Sí, por supuesto. Estoy muy satisfecho con el trabajo editorial, con el trato, con el recorrido de la novela y con el empeño que han puesto desde M.A.R. para que los libros lleguen a los lectores. En realidad, es la tercera obra que publico con Miguel Ángel de Rus, que también es editor de Ediciones Irreverentes, donde ya publiqué hace años la obra de teatro Los Resistentes.

P.- ¿Y qué va a encontrar el lector en Interpretación de la mentira?
R.-Es difícil resumirlo porque es una novela compleja, no tanto de leer como de explicar. La novela es un juego de espejos entre dos personajes que llevan el peso de la trama, pero que paradójicamente no son lo más importante de la novela. Cuenta la historia de dos amigos desde la adolescencia hasta la edad madura, más de cuarenta años. Dos jóvenes que quieren ser escritores y que se conocen cuando tienen diecisiete y dieciocho años. La historia describe sus sueños literarios, su amistad, la evolución que experimentan a lo largo de los años, en lo personal y en lo literario, y el punto al que llegan al cumplir los sesenta. Se podría decir que es una historia metaliteraria: la trastienda del escritor. Pero esto sería simplificarlo mucho.

P.-Efectivamente, hay muchas más temas en la novela: hay muchas verdades y muchas mentiras.
R.- Sí, claro, de ahí el título. En la historia, además de la amistad y la ambición literaria aparecen amores, desamores, celos, desconfianzas, pasiones, traiciones, triángulos amorosos, incluso cuadrados amorosos, obsesiones sexuales, depravación, pureza, ensoñaciones y muchas mentiras.

P.-Sin adelantar nada; cuando uno está leyendo la novela, tiene la sensación de que está conociendo una historia, pero aquí hay dos historias que parecen la misma y sin embargo son diferentes.
R.- Así es. La novela es un juego metaliterario, como he dicho. Para mí fue un reto porque quise contar dos historias. Por una parte está la historia que el lector lee, con su trama, sus personajes, sus reflexiones y todo lo que la compone. Pero al mismo tiempo y de forma paralela hay una historia subterránea que no se percibe. Hay una trama oculta que avanza paralela a la que estamos leyendo. De vez en cuando asoman resquicios de esa historia subterránea, pero no podemos saber totalmente de qué se trata hasta que la mentira es interpretada por el narrador. Se podría decir que la novela tiene dos lecturas, la que se hace siguiendo el texto y la que realiza el lector reconstruyendo lo ya leído. Sé que suena demasiado pretencioso, pero no soy capaz de explicarlo de otra manera. La única forma de entenderlo es leer la novela.

P.-La estructura y la trama son muy originales, pero es igual de interesante ver el mundo de un escritor desde las bambalinas. Dices que no te gusta la autoficción, pero en esta novela da la sensación de que hay muchas cosas de tu vida que resultan reconocibles. ¿Hay elementos autobiográficos en la historia?
R.- Rotundamente no es una novela autobiográfica. Pero, aclarado esto, es cierto que hay muchos elementos de mi vida. Y también de la vida de mis amigos, de otros escritores a los que he conocido, de experiencias vividas o de las que he sido testigo. Yo no tengo imaginación suficiente para inventar una historia como esta. Soy un escritor sin imaginación. Yo lo que hago es robar las vidas a otros, colocar parte de la mía, adornarla, disimularla, añadirle personajes, maquillarla y contarla. Es una novela de préstamos: le presto muchas cosas a la trama y a uno de los protagonistas. Los pongo en un escenario que para mí resulta muy familiar: los lugares de mi adolescencia. En fin, es un engendro, una especie de Frankenstein literario construido a base de trozos de vida. Mi trabajo consiste en aislarlos, modificarlos y unirlos en otro contexto. En eso consiste para mí la escritura. No soy capaz de partir de la nada. Ya me gustaría.

P.-¿Es tan mezquino el mundo literario en la realidad como el que tú describes en la novela?
R.- El mundo literario no es mezquino, los mezquinos somos a veces los escritores. No todos, por supuesto. Cuando empecé a publicar los primeros libros, yo era bastante mitómano. Admiraba a los escritores cuyas obras me habían gustado. A algunos los fui conociendo y poco a poco fui perdiendo la admiración. Supongo que la mayoría de escritores que han leído mis libros y les han gustado se habrán sentido decepcionados después de conocerme. A mí me ha pasado tantas veces que cuando un libro me gusta hago todo lo posible para no conocer al autor. Suele ser decepcionante. Por lo general somos gente vanidosa, bastante ególatra, envidiosa. Podría escribir varias novelas sobre esto, pero me agotaría y no cambiaría nada. Y eso que he conocido a escritores/as que como personas son maravillosos/as. Eso es verdad, pero también debo decir que la gente más mezquina con la que me he tropezado en esta vida han sido escritores/as. Más que la envidia, lo que abunda es el desprecio del otro. Eso aparece en esta novela, pero muy suavizado. No pretendo herir susceptibilidades.

P.-Has dicho en alguna entrevista que eres bastante mentiroso. ¿Es posible que todo lo que estás contando en esta entrevista sea mentira?
R.- Me encantaría, pero no es así. Yo lo que he dicho es que soy no tanto mentiroso como adornador de historias. Casi nunca cuento las cosas como han ocurrido. Esto me pasa en la vida cotidiana y a veces me trae problemas. En realidad, no miento, sino que adorno tanto los hechos que parecen una mentira, una fabulación mía. Más que un mentiroso, como te digo, soy un adornador de historias.

P.-Uno de los temas que se repite en la mayoría de tus novelas es la relación con el padre. Y en algunas ocasiones la relación con la madre. En esta novela aparecen las dos y, además, tienen mucho peso en la historia.
R.- Sí, sí, es algo que siempre sale aunque no sea consciente. Igual que siempre salen los temas del amor, la vida y la muerte, los únicos que existen en la literatura, según Juan Rulfo, también la presencia del padre, y a veces de la madre, tiene mucho peso en todo lo que escribo. La relación con un padre y con una madre, al menos en mi experiencia, son muy, muy distintas. En esta historia se ve claro: desde la desconexión total con el padre hasta el complejo de Edipo con la madre. Y, sobre todo, aquí hablo de la relación con el padre y luego con el hijo cuando te ve como padre. Creo que habrá lectores que se sentirán identificados.

P.-En la novela hay escenas de gran belleza, diálogos muy realistas, pero también escenas sórdidas, incluso con prácticas de sexo llamativas. ¿La perversión forma parte de la literatura?
R.- No me atrevo a decirlo categóricamente, pero el sadismo y la perversión no son exclusivos de ningún gremio. A veces, cuando el escritor se siente ahí arriba, observado, admirado, saca su parte más perversa que posiblemente en otras circunstancias quedaría oculta. Casi nada de lo que se cuenta en esas escenas es inventado, excepto alguna muerte que por suerte no ha ocurrido mientras yo estaba cerca. La mente humana está llena de recovecos desconocidos. Por eso somos capaces de tener comportamientos admirables unas veces y despreciables otras. Supongo que es algo parecido al yin y el yang, pero referido a la bondad y la maldad.

P.-Terminamos con una cuestión que no es la menos importante. Ya desde las citas de encabezamiento de la novela y luego a través de toda la historia hay una premisa que se mantiene hasta el final: “Somos como nos ven los amigos”
R.- Efectivamente, esa es la clave de esta historia. Más importante, incluso, que la trama metaliteraria, que al fin y al cabo está construida para defender esa premisa. Parece tan evidente que me da cierto pudor explicarlo, pero realmente uno no es como realmente cree que es, por mucho que se empeñe. Al final, los demás nos conocen o creen conocernos mejor que nosotros mismos. En algunos casos, especialmente cuando se trata de los amigos cercanos, los íntimos, los de verdad, esa visión que los demás tienen de nosotros suele ser la que prevalece. Eso significa que es inútil preocuparse por ser así o asá porque al final seremos como los demás nos vean, aunque sea una visión falsa, o no. Esa es la esencia de esta historia. 

Ficha del libro https://www.mareditor.com/narrativa/Interpretacion_de_la_mentira.html

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