Desde hace más de una década, Luis Leante nos tiene acostumbrados a alternar la literatura juvenil con las novelas de adultos. Sin embargo, apenas seis meses después de publicar su novela Academia Europa, nos presenta ahora una nueva, Interpretación de la mentira, que rompe esa alternancia seguida hasta ahora.
P.- ¿Por qué otra novela para adultos en apenas medio año? ¿Se puede
escribir una historia de 374 páginas en seis meses?
Respuesta.- No, claro que no. Yo, al menos, no soy capaz de hacerlo. La publicación
de Academia Europa fue un regalo: publicar en M.A.R. Editor una
novela que salió en 2003 y que hacía muchos años que estaba descatalogada.
Reencontrarme con los lectores con este libro para mí fue una gran
alegría. Interpretación de la mentira es un texto inédito al que le
he dedicado unos cuantos años y que sale ahora como mi última obra escrita.
P.- Y además coincide con la segunda
edición de Academia Europa.
Supongo que eso será determinante para haber publicado con el mismo editor.
R.- Sí, por supuesto. Estoy muy satisfecho con el trabajo editorial, con el
trato, con el recorrido de la novela y con el empeño que han puesto desde
M.A.R. para que los libros lleguen a los lectores. En realidad, es la tercera
obra que publico con Miguel Ángel de Rus, que también es editor de Ediciones
Irreverentes, donde ya publiqué hace años la obra de teatro Los
Resistentes.
P.- ¿Y qué va a encontrar el lector
en Interpretación de la mentira?
R.-Es difícil resumirlo porque es una novela compleja, no tanto de leer como de
explicar. La novela es un juego de espejos entre dos personajes que llevan el
peso de la trama, pero que paradójicamente no son lo más importante de la
novela. Cuenta la historia de dos amigos desde la adolescencia hasta la edad
madura, más de cuarenta años. Dos jóvenes que quieren ser escritores y que se
conocen cuando tienen diecisiete y dieciocho años. La historia describe sus
sueños literarios, su amistad, la evolución que experimentan a lo largo de los
años, en lo personal y en lo literario, y el punto al que llegan al cumplir los
sesenta. Se podría decir que es una historia metaliteraria: la trastienda del
escritor. Pero esto sería simplificarlo mucho.
P.-Efectivamente, hay muchas más temas
en la novela: hay muchas verdades y muchas mentiras.
R.- Sí, claro, de ahí el título. En la historia, además de la amistad y la
ambición literaria aparecen amores, desamores, celos, desconfianzas, pasiones,
traiciones, triángulos amorosos, incluso cuadrados amorosos, obsesiones
sexuales, depravación, pureza, ensoñaciones y muchas mentiras.
P.-Sin adelantar nada; cuando uno está
leyendo la novela, tiene la sensación de que está conociendo una historia, pero
aquí hay dos historias que parecen la misma y sin embargo son diferentes.
R.- Así es. La novela es un juego metaliterario, como he dicho. Para mí fue un
reto porque quise contar dos historias. Por una parte está la historia que el
lector lee, con su trama, sus personajes, sus reflexiones y todo lo que la
compone. Pero al mismo tiempo y de forma paralela hay una historia subterránea
que no se percibe. Hay una trama oculta que avanza paralela a la que estamos
leyendo. De vez en cuando asoman resquicios de esa historia subterránea, pero
no podemos saber totalmente de qué se trata hasta que la mentira es interpretada
por el narrador. Se podría decir que la novela tiene dos lecturas, la que se
hace siguiendo el texto y la que realiza el lector reconstruyendo lo ya leído.
Sé que suena demasiado pretencioso, pero no soy capaz de explicarlo de otra
manera. La única forma de entenderlo es leer la novela.
P.-La estructura y la trama son muy
originales, pero es igual de interesante ver el mundo de un escritor desde las
bambalinas. Dices que no te gusta la autoficción, pero en esta novela da la
sensación de que hay muchas cosas de tu vida que resultan reconocibles. ¿Hay
elementos autobiográficos en la historia?
R.- Rotundamente no es una novela autobiográfica. Pero, aclarado esto, es
cierto que hay muchos elementos de mi vida. Y también de la vida de mis amigos,
de otros escritores a los que he conocido, de experiencias vividas o de las que
he sido testigo. Yo no tengo imaginación suficiente para inventar una historia
como esta. Soy un escritor sin imaginación. Yo lo que hago es robar las vidas a
otros, colocar parte de la mía, adornarla, disimularla, añadirle personajes,
maquillarla y contarla. Es una novela de préstamos: le presto muchas cosas a la
trama y a uno de los protagonistas. Los pongo en un escenario que para mí
resulta muy familiar: los lugares de mi adolescencia. En fin, es un engendro,
una especie de Frankenstein literario construido a base de trozos de vida. Mi
trabajo consiste en aislarlos, modificarlos y unirlos en otro contexto. En eso
consiste para mí la escritura. No soy capaz de partir de la nada. Ya me
gustaría.
P.-¿Es tan mezquino el mundo literario
en la realidad como el que tú describes en la novela?
R.- El mundo literario no es mezquino, los mezquinos somos a veces los
escritores. No todos, por supuesto. Cuando empecé a publicar los primeros
libros, yo era bastante mitómano. Admiraba a los escritores cuyas obras me
habían gustado. A algunos los fui conociendo y poco a poco fui perdiendo la
admiración. Supongo que la mayoría de escritores que han leído mis libros y les
han gustado se habrán sentido decepcionados después de conocerme. A mí me ha
pasado tantas veces que cuando un libro me gusta hago todo lo posible para no
conocer al autor. Suele ser decepcionante. Por lo general somos gente vanidosa,
bastante ególatra, envidiosa. Podría escribir varias novelas sobre esto, pero
me agotaría y no cambiaría nada. Y eso que he conocido a escritores/as que como
personas son maravillosos/as. Eso es verdad, pero también debo decir que la
gente más mezquina con la que me he tropezado en esta vida han sido
escritores/as. Más que la envidia, lo que abunda es el desprecio del otro. Eso
aparece en esta novela, pero muy suavizado. No pretendo herir
susceptibilidades.
P.-Has dicho en alguna entrevista que
eres bastante mentiroso. ¿Es posible que todo lo que estás contando en esta
entrevista sea mentira?
R.- Me encantaría, pero no es así. Yo lo que he dicho es que soy no tanto
mentiroso como adornador de historias. Casi nunca cuento las cosas como han
ocurrido. Esto me pasa en la vida cotidiana y a veces me trae problemas. En
realidad, no miento, sino que adorno tanto los hechos que parecen una mentira,
una fabulación mía. Más que un mentiroso, como te digo, soy un adornador de
historias.
P.-Uno de los temas que se repite en la
mayoría de tus novelas es la relación con el padre. Y en algunas ocasiones la
relación con la madre. En esta novela aparecen las dos y, además, tienen mucho
peso en la historia.
R.- Sí, sí, es algo que siempre sale aunque no sea consciente. Igual que
siempre salen los temas del amor, la vida y la muerte, los únicos que existen
en la literatura, según Juan Rulfo, también la presencia del padre, y a veces
de la madre, tiene mucho peso en todo lo que escribo. La relación con un padre
y con una madre, al menos en mi experiencia, son muy, muy distintas. En esta
historia se ve claro: desde la desconexión total con el padre hasta el complejo
de Edipo con la madre. Y, sobre todo, aquí hablo de la relación con el padre y
luego con el hijo cuando te ve como padre. Creo que habrá lectores que se
sentirán identificados.
P.-En la novela hay escenas de gran
belleza, diálogos muy realistas, pero también escenas sórdidas, incluso con
prácticas de sexo llamativas. ¿La perversión forma parte de la literatura?
R.- No me atrevo a decirlo categóricamente, pero el sadismo y la perversión no
son exclusivos de ningún gremio. A veces, cuando el escritor se siente ahí
arriba, observado, admirado, saca su parte más perversa que posiblemente en
otras circunstancias quedaría oculta. Casi nada de lo que se cuenta en esas
escenas es inventado, excepto alguna muerte que por suerte no ha ocurrido
mientras yo estaba cerca. La mente humana está llena de recovecos desconocidos.
Por eso somos capaces de tener comportamientos admirables unas veces y
despreciables otras. Supongo que es algo parecido al yin y el yang, pero
referido a la bondad y la maldad.
P.-Terminamos con una cuestión que no es
la menos importante. Ya desde las citas de encabezamiento de la novela y luego
a través de toda la historia hay una premisa que se mantiene hasta el final:
“Somos como nos ven los amigos”
R.- Efectivamente, esa es la clave de esta historia. Más importante, incluso,
que la trama metaliteraria, que al fin y al cabo está construida para defender
esa premisa. Parece tan evidente que me da cierto pudor explicarlo, pero
realmente uno no es como realmente cree que es, por mucho que se empeñe. Al
final, los demás nos conocen o creen conocernos mejor que nosotros mismos. En
algunos casos, especialmente cuando se trata de los amigos cercanos, los
íntimos, los de verdad, esa visión que los demás tienen de nosotros suele ser
la que prevalece. Eso significa que es inútil preocuparse por ser así o asá
porque al final seremos como los demás nos vean, aunque sea una visión falsa, o
no. Esa es la esencia de esta historia.
Ficha del libro https://www.mareditor.com/narrativa/Interpretacion_de_la_mentira.html
