Pregunta.- Caracteriza tu obra una sátira ingeniosa donde, pobre de la
presa, le es imposible esquivar tu punzante pluma. Sin embargo, en Ciudades
de Europa detecto nostalgia del pasado y pesimismo hacia el futuro. ¿Te
haces mayor?
R.- Digamos que la experiencia te
va mostrando que todas las promesas del pasado eran celadas donde caímos,
inocentes. Creímos en una Europa mejor, que hubiera aprendido de sus errores,
faro cultural de Occidente, y ahora vemos que el continente es sólo una esquina
del imperio yanqui, que nos han impuesto sus valores, sus formas de vida, su
cultura (por llamarle algo) y su hegemonía militar, económica y política,
merced a los trapicheos de los políticos europeos, serviles a quien mejor les
paga. Y todo con nuestra complacencia e inacción. Por ello en este libro se
mezcla la sátira y la denuncia con la melancolía de lo que pudo ser y no será,
pero sin olvidar los relatos donde los jóvenes, pasando por encima de nuestros
cadáveres crearán otro futuro. Hay humor, pero un humor que pretende llevar a
la reflexión.
P.- Hace 26 años publicaste Europa se hunde, donde ya incidías
sobre el desmantelamiento ideológico y moral del viejo continente. Manuel
Gutiérrez Aragón llegó a decir que era un libro profético ¿Qué similitudes
tiene con Ciudades de Europa?
R.- En aquel libro un joven marroquí venía a España a buscar trabajo y un
futuro de libertad; ahora vienen hordas de delincuentes soltadas por el
dictador marroquí. En aquel libro el joven era un personaje real, que amaba más
nuestras libertades, cultura, valores y logros que nosotros mismos. Ahora
tendrá más de 50 años y estará decepcionado de nosotros. Hace poco me llevó un
taxista marroquí, que bien podía ser aquel Said, que me dio una charla brutal
sobre las nuevas hordas islámicas que asolan Europa. Era más crítico que yo. Y
podría decir que se sentía más español que la mayoría de españoles. Estaba
enfadadísimo con nuestra desidia.
P.- ¿Es una lectura para hacernos reflexionar?
R.- En líneas generales, nuestra
generación y las siguientes ya no reflexionan o lo hacen poco y muy
adoctrinados por los grandes medios de comunicación; están –o estamos- ocupados
con el teléfono móvil, los vídeos cortos y las plataformas de entretenimiento.
Huxley ya lo avisó hace décadas, que seríamos esclavos felices. En mis relatos
hay personas que se salen de esas ideas impuestas y son distintos viviendo como
ellos consideran, no como se les dice que han de hacerlo. Son el punto de
esperanza del libro. En todo caso, los relatos son muy abiertos, no pretendo
que se lleguen a unas conclusiones, sino que las historias buscan que el
hipotético lector las de una nueva vida. Ante la caída de Occidente por la
llegada de los nuevos bárbaros, en Ciudades de Europa se plantea un
futuro basado en la insurrección de nuestros hijos.
P.- Buscas complicidad con el lector animándole a actuar y en este país
somos propensos a arreglar el mundo en sobremesas o acodados en la barra de un
bar. ¿Qué acciones propones?
R.- Esencialmente vivir la propia vida más allá de cómo esté bien visto, hacer
cosas para siempre a pesar de nuestra finitud, no respetar las ideas
dominantes, sino tener ideas propias y cambiar lo más cercano. Mis personajes
viven situaciones distintas, a veces muy duras, otras románticas, pasan por el
filo de la navaja, y creo que eso hará que haya lectores que se sientan
identificados. NO incito a un Mayo francés o a una Puerta del Sol con tiendas
de campaña, que hemos visto que no lleva a nada, sino a reflexionar sobre qué
futuro debemos crear y cómo hacerlo. Y ponernos a ello.
P.- Maestros como José María Merino o Luis Alberto de Cuenca te ensalzan,
comparándote con los mejores autores del Siglo de Oro, el listón está alto y tú
mismo, en la introducción te excusas sobre la vanidad. ¿Qué preferirías, el
premio Planeta o el Cervantes?
R.- En Ciudades de Europa hay
mucha mitología y diálogo con obras literarias previas, desde el Rapto de
Europa, o la celebración del nacimiento de Jesucristo hasta los mitos de Lisboa
o la poesía de Vladímir Mayakovski, pero todo desde la melancolía y la sátira;
es una obra que no busca una persona al otro lado del papel que sienta lo
mismo, que se altere, que vibre, que se emocione. Esto implica una cierta
soledad, un camino difícil y no hay porqué ilusionarse con premios. Mi mejor
pago sería que me leyeran mis nietos.
P.- El escritor Luis Leante te definió como un lobo solitario.
R.- Se lo agradezco, también dijo que serlo hace mucho más difícil el camino,
pero, como Edmond Rostand hizo decir a Cyrano de Bergerac, “¡Ya sé que en este
combate no debo esperar el triunfo! ¡No! ¿Para qué? ¡Es más bello cuando se
lucha inútilmente!”. En todo caso, creo que ha sido el primero en leer el libro
y eso me complace.
P.- Otro escritor de larga trayectoria, Juan Pedro Aparicio, afirma que el
mejor relato de amor que he leído es tu cuento “Más duro que nunca”. ¿Hay mucho
amor en Ciudades de Europa?
R.- Lo hay. El amor juvenil con mucho futuro de “Pieles limpias en
Zentralfriedhof”; el amor prohibido en “El cine Imperio”; el amor destruido por
la guerra en “Maiakovskiy en Kramatorsk”; el amor ya muerto que renace en los
hijos en “Arcachón: Le sucette à l´ anis”; el amor imposible que dura para
siempre en “El rapto de Europa en Creta” y una historia real en “Al salir del
Teatro de la Ópera de Minsk”. Amor y muerte son ingrediente tan importantes
en Ciudades de Europa como la sátira y la melancolía.
Ficha del
libro https://mareditor.blogspot.com/2026/03/ciudades-de-europa-libro-de-relatos-de.html
