19.12.21

Pedro González Núñez: “El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”



Pregunta.- En una época en la que todo es velocidad, consumido rápidamente y desechado de forma inmediata, ¿por qué te atreves con una narración histórica que exige reflexión y estudio?

R.- Me encanta la historia. Es más, creo firmemente en la frase que reza: el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. Siento que vivo en un país que repite una y otra vez los mismos errores. Y considero que esto sucede porque somos muy terrenales, estamos profundamente atados a nuestras pasiones más viscerales, lo que nos condena a una retahíla de errores que seguirán sucediéndose durante siglos. Es más, vivimos en un mundo en el que, si alguien escapa de la caverna de Platón y regresa para iluminarnos, lo lapidaremos. Por eso considero que hace falta una lectura más reposada y científica de la historia. Cuanto mejor comprendamos nuestro pasado, mejor entenderemos nuestro presente y mejor nos prepararemos para el futuro. Por desgracia, esa reflexión no existe en la mente del 95% de las personas que conozco.

 

P.- ¿Por qué eliges dos elementos en apariencia tan antagónicos como son una catedral maldita y un científico como protagonistas de tu historia?
R.- Refleja la dualidad que creo que hay dentro de cada ser humano. Somos contradictorios. Necesitamos la fe, y creemos que hace falta pensar en grandes creadores y guías espirituales que son quienes nos dan lecciones morales, nos dicen cómo vivir y nos enseñan el camino. Yo he sufrido eso. Sin embargo, la ciencia acaba por encontrar explicaciones racionales para todo. De ahí esa lucha ancestral y antropológica entre nuestros instintos y nuestra racionalidad. En el fondo, creo que todo está en nuestro interior. Lo que pasa es que una cosa es ser el que piensa y decide, y otra uno más que sigue a los que mandan o piensan sin rechistar, sin reflexión, sin pensamiento crítico.

 

P.- ¿Qué inquietudes pretendes traspasar a los lectores que quieran leer La catedral de ébano?
R.- Todas las que a mí me preocupan. La excesiva creencia en una fe, ya sea religiosa o científica, la perseverancia fuera de toda lógica, aunque nos lleve a la perdición, las luchas internas por defender posturas, aunque nos encaminen a la tragedia, la incapacidad de análisis real y de crítica analítica sobre todo lo que nos rodea, la creación de mundos infantiles y estúpidos para no ver cuanto acontece a nuestro alrededor o para endulzar en exceso un mundo cruel y a veces incomprensible como el que sufrimos… Podría seguir, pero mejor paro.

 

 

P.- En tu obra recurres mucho a la lucha interna de los personajes. ¿Es algo que te afecta a ti y trasladas a los protagonistas de tus libros?
R.- En efecto, como ya he dicho, todos los personajes que imagino, ya sea en ‘La catedral de ébano’ o en cualquier otra historia, al menos los protagonistas, están en constante lucha interior. Evolucionan, piensan, reflexionan, ponen todo en duda, tienen muchas inquietudes. De hecho, me gusta enfrentarlos a la masa, a la muchedumbre enfurecida, a gente con poder y mínima capacidad analítica o crítica. Me atrae esa lucha porque creo que es lo que sucede hoy en día. Ser lúcido en este mundo está penado gravemente. Todos tratarán de convencerte de que te equivocas, tienes que ser uno más y aceptar lo que te toque sin rechistar.

 

P.- ¿Qué o quién influencia esta obra?
R.- Podría empezar y no acabar nunca. Dos de mis mayores influencias son Stanislaw Lem y Joe Haldeman. Pero esta historia que comenzó como un relato y ha acabado como novelette fue tomando forma mientras leía novelas cortas de autores como Alexandre Dumas, Mary Shelley, Guy de Maupaussant… Además, en mi propio imaginario poseo una larga tradición de lecturas desde mi más tierna infancia que van desde Verne, Wells o Allan Poe a Gautier, Vance, Lovecraft, Conan Doyle, Alan Moore, o Tolkien… Y por supuesto, pulp, mucho pulp. Adoro a esos escritores del siglo XX que escribían una novela en una semana bajo pseudónimos como Clark Carrados o Keltom McIntyre.


P.- Y, ahora, ¿qué?
R.- Ahora, no sé. De momento sigo dándole vueltas a todo, sin parar de analizar cuanto lo que me rodea ni un solo segundo. Todo ello acompañado de mala leche e ironía, cierto punto idealista que no me abandona jamás y mucha lectura, sobre-información y aprendizaje continuo. No pararé nunca de leer, escribir y dar rienda suelta a mi imaginación y a mi capacidad de análisis para seguir dibujando el mundo, tal como yo lo veo, en mis novelas, ya sean históricas, fantásticas, románticas o realistas. Todo género es en realidad una oportunidad de mostrar la vida a través de los ojos de su autor, y esa es mi intención, y lo haré mientras me apetezca y tenga energías, ganas y editoriales como MAR Editor que se interesen por mis historias.

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