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20.3.21

Entrevista a Miguel Ángel de Rus por El Taxista asesino, de Asier Aparicio


Pregunta.- “El taxista asesino” es el primer relato de este libro, y el que pone título a los 18 relatos variados e imprevisibles, un alarde de creatividad y un despliegue de todo lo que esconde nuestro mundo globalizado. Pero, a pesar de esa riqueza temática, ¿podríamos hablar de un hilo conductor en todo el libro, de un posible denominador común? ¿Qué lo vertebra?
R.- Hay un primer grupo de relatos en los que predomina la idea de “defensa ante un mundo hostil”, un mundo que resulta violento de muchas formas, físicas e intelectuales. Y esa defensa de quien se siente herido puede ser considera violencia a su vez por otros; como ejemplo: El taxista asesinoPuedes ir en paz, El amnistiado de Navidad, Setenta balcones, Júpiter muerto entre las olas… Son relatos en los que el ciudadano se ve abocado a la lucha contra el entorno, una lucha que será criticada por los tibios, es gente herida por la insensibilidad de los demás, por la violencia aceptada por el grupo, por los correctos que nunca han sido vejados y a quienes el sufrimiento ajeno les da igual.
Un segundo grupo englobaría los “relatos de la caverna” y engloba textos como: De cartón, Ficticio, La botella de Bukowski, el cigarro de Gainsbourg, Es la economía o Arte. Al modo del diálogo de Platón, somos ese grupo de prisioneros encadenados desde su infancia detrás de un muro, en una caverna. Un fuego ilumina al otro lado del muro, y sólo vemos las sombras proyectadas por objetos que se encuentran sobre este muro, los cuales son manipulados por otras personas. Al igual que ellos no vemos la realidad, sino una apariencia, y en todos ellos muestro cómo nos hacen vivir en un mundo imaginado por otros. Quizá el más duro de ellos sea La belleza interior, el que cierra el libro, en el que la modelo más famosa del mundo representa el asco del vacío mental al que ha llegado una buena parte de la humanidad.
Y habría un tercer grupo de relatos que trata sobre la decepción, la melancolía que nos provoca el paso de la vida: Más duro que nunca, El último beso, Recuerdos del pelo largo, Amada rata o Harmony 3.1. Última actualización, un relato sobre la imposibilidad del amor en el S.XXI y la salvación para los sentimientos que puede representar el amor robótico. El taxista asesino es un retablo satírico y negro del mundo contemporáneo.

 

P.- El libro es de una rabiosa actualidad y hay muchos personajes reconocibles, ¿qué cuestiones hay latentes en este libro, que “obsesiones” como autor fluyen en tu escritura?
R.- Se habla de las estrellas del mundo de la comunicación y el vacío que nos transmiten, de la maldad de quienes dominan el planeta y nos llevan al matadero por sus intereses, de la verdad oficial y de los héroes que luchan contra ella, de los supuestos seres humanitarios que en realidad son siervos de las mafias, de gente como nosotros que un buen día, hartos de ser pisoteados, explotan y arrasan cuanto hay a su paso.

 

P.- En palabras de José María Merino, este libro forma, por su tono, un díptico con tu trabajo anterior, “36 maneras de quitarse el sombrero”. Ya que nadie más crea sátira en España, ¿qué aporta dicha visión al panorama cultural y literario de un país como España, cuna del gran Marcial?
R.- José María Merino al hablar de mi anterior libro lo emparentó muy amablemente con Aristófanes, Luciano de Samósata, Marcial, Petronio, Quevedo, Luis Vélez de Guevara, Mariano José de Larra, Jardiel Poncela o Ramón Gómez de la Serna. Me puso el listón demasiado alto. Si crees que las noticias están manipuladas en función de los intereses de grandes grupos empresariales y mediáticos, si ves que a la sociedad le da igual hacia dónde la lleven, si se adoran becerros de oro, la única opción que le queda al escritor es desnudar al rey, hacer que se vean sus vergüenzas, y como ahora los reyes somos todos, el escritor debe desnudar a toda la sociedad. Con eso no se ganan premios, ni cargos, ni honores, pero alguien debe ser el niño que señale con el dedo al impostor y diga “está desnudo”: Y si se puede hacer con herramientas propias de la creación literaria, mejor. La diferencia con el anterior libro es que hay más relato negro y más humor negro.

 

P.- Uno de tus temas recurrentes es la censura en la libertad de expresión, ¿crees que estamos ante el peligro de un nuevo fascismo estético, el del “público” como ente castigador?
R.- La censura en otros tiempos corría a cargo de los dictadores, de la inquisición, ahora la hace todo el mundo. Hace unos días un chico islamista asesinó al profesor francés Samuel Paty por mostrar una caricatura de Mahoma en clase de Libertad de expresión. Los héroes de Charlie Hebdo fueron asesinados por musulmanes por publicar caricaturas de Mahoma; la matanza se llevó por delante doce vidas humanas. Y hay gente tan estúpida que dice “si no quieren que se muestre a Mahoma, pues no lo hagas”. Esos que lo dicen son cómplices de los asesinos, les justifican. Mucha gente que no ama la libertad de expresión no entiende que luchamos por ella para que sean más libres..

 


P.-
Se te nota dolido ante la banalidad de la cultura, o mejor del “mercado de la cultura”; se nota que posees una idea de Cultura mucho más excelsa, casi de otras épocas: un sentir que comparto. Pero, ¿cómo casa ese alto criterio estético con la pretendida “democratización” de la cultura que nos ha traído la globalización?
R.- Si tuviera que escoger diez novelas sólo, serían obras de los siglos XVIII y XIX; en teatro, las escogidas serían obras que irían del Siglo de Oro a Durrenmat pasando por Edmond Rostand. Ahora Mozart es eso que sale en el anuncio de un coche. Ahora se hacen productos, en lugar de obras, y si alguien hace una obra de verdad tiene tremendas dificultades para que llegue al público. Que una obra extraordinaria como “La eternidad en un junco”, de Irene Vallejo, haya llegado a un grupo importante de lectores es casi un milagro. Yo he intentado en El taxista asesino proponer historias que queden, que sirvan para algo. Ya veremos si se ha conseguido.

 

P.- Sobre tu estilo, ¿eres más de Góngora o de Quevedo?, ¿romántico o ilustrado?, ¿realista, decadentista… o ambas cosas? Háblanos un poco de tus referencias literarias como escritor.

R.- Más de juvenal que de Quevedo y de éste que de Góngora; más ilustrado que romántico; más decadentista que todo lo demás. Me sigue excitando leer a Choderlos de Laclos, Boris Vian, Turgueniev, Rostand, Dumas, Villiers o Proust, pero creo que si hace años había más influencia de otros autores, ahora soy yo; más ácido, aguerrido, impactante, burlón, para lo bueno y lo malo.

(Entrevista de Asier Aparicio)

4.12.20

El taxista asesino, relato negro y sátira para explicar el mundo contemporáneo. De Miguel Ángel de Rus

En El taxista asesino encontramos el mundo como representación; nada es real, todo es falso, recreación de un decorado, un montaje para entretenernos. El ser humano es esclavo de su deseo, de la voluntad ciega de vivir. Para los personajes la vida es un anhelo y un tormento; en algunos textos el drama se analiza desde el humor, y en otros desde la introspección. Las dos pulsiones dominantes en esta obra son el amor y el odio; de su equilibrio nace eso que llamamos sociedad.

Desde la relación amorosa del estudiante de filosofía reconvertido en taxista con la futura actriz, hasta el vacío de las relaciones en Internet, pasando por la política convertida en un desfile de maniquíes sin nada detrás, o las mafias criminales que se esconden tras el tráfico de seres humanos, todo en este libro muestra una lúcida acidez, pasando de momentos de humor brillantes a situaciones dramáticas cotidianas. Para crear este reflejo de la realidad de nuestra época Miguel Ángel de Rus convierte en ficción hechos reales como la guerra contra EE.UU. por Cuba; las miles de denuncias de mujeres por robos y abusos en un fin de año en Alemania; o nuevas visiones sobre el moderno esclavismo con africanos llegando en pateras a Europa. Como es habitual en su obra, aparecen personajes reales como Bukowski, Serge Gainsbourg o Woody Allen.

El escritor palentino Asier Aparicio considera que: “Miguel Ángel de Rus es ya un autor de amplio recorrido y de dilatada experiencia. Un autor que ha explotado como nadie las potencialidades del relato corto; en concreto, del relato crítico, negro, satírico. (…) Reírse de lo grotesco de la lógica imperante, de lo hipócrita de ciertas buenas maneras; Miguel Ángel es un maestro en estas lides”.

El escritor y académico de la RAE José María Merino afirma sobre este libro: “Hay una ‘marca de la casa’, que es esa naturalidad con que todos los relatos están impregnados de un sutilísimo y muy personal sarcasmo. Me gusta también la diversidad de escenarios: de la Cuba de 1901 a la Gascuña o a Palermo, de los barrios donde se trafica la droga a galerías modernísimas de arte; de los licenciados en filosofía devenidos taxistas a los robots con ansias de maternidad... Hay algunos temas a los que soy espacialmente sensible: el juego onírico con el doble de Más duro que nunca; el éxito conseguido con el simbolismo de la venganza en Amada rata; la legítima defensa en Setenta balcones; el desfallecimiento del deseo tan logrado en El arte de amar; el contrato rechazado y la robot de Harmony 3.1...; el homenaje a La Eva futura en Último beso; la muestra de un excelente emprendedor en Arte; esa ensoñación en la web de Ficticio o la representación del universo censor en La botella de Bukowski...; la majestuosa entrada en el desconocido escenario de La belleza interior... Hay un misterioso aire de ‘distopía ya imperante’ en el conjunto, en la línea de 36 maneras de quitarse el sombrero, que me parece novedosa, así como esa mirada sarcástica a la que antes me referí”.


El escritor y crítico Francisco Javier Illán Vivas considera que “Ese fino humor, con unas pizcas de ironía, alejada de lo políticamente correcto, de lo aceptado por esta sociedad casi castrada, convierten, una vez más, la entrega de una parte de la obra de Miguel Ángel de Rus en un gozo para la lectura pausada. Dieciocho relatos para disfrutar de la lectura, del humor, del thriller, de lo políticamente incorrecto, de momentos que acercan tanto la realidad a la ficción que el lector puede dudar si es una u otra”.

Y el escritor Fernando Alonso Barahona, concluye: “Cinismo, venganza, desencanto… los personajes de estos relatos se rebelan contra la dominación de que son objetos y se atreven a actuar. Pura literatura subversiva, profundamente libre. El taxista asesino de Miguel Angel de Rus es sin duda uno de los mejores libros de 2020, aunque las reseñas oficialistas y correctas no se atrevan a recogerlo”.

Sobre El taxista asesino afirma Miguel Ángel de Rus: “El taxista asesino es un retablo satírico y negro del mundo contemporáneo. Hay un primer grupo de relatos en los que predomina la idea de ‘defensa ante un mundo hostil’, un mundo que resulta violento de muchas formas, físicas e intelectuales. Y esa defensa de quien se siente herido puede ser considera violencia a su vez por otros. Un segundo grupo englobaría los ‘relatos de la caverna’, en los que se metida sobre el hecho de que no vemos la verdadera realidad, sino un espectáculo montado para que estemos tranquilos. Y habría un tercer grupo de relatos que trata sobre la decepción, la melancolía que nos provoca el paso de la vida. Y para acabar, un relato sobre la mayor exhibición impúdica de la historia de los medios de comunicación. Todo satírico, ácido, crítico”.

Todo sobre el libro en http://www.mareditor.com/narrativa/el_taxista_asesino.html