Pregunta.- ¿Quién es Ventolino y por qué crear una saga de él?
R.- Ventolino es un duende de la zona noroccidental de nuestra Península;
pertenece un imaginario colectivo que hunde sus raíces en el mundo celta.
Ventolino, y otros personajes como las xanas, los malismos, la paparrasolla,
los ojancos o los oricuernos, son personajes prexistentes en nuestra mitología,
pero a los que nunca se les dotó de una historia (al estilo de los mitos
griegos, por ejemplo); solo se les definió por sus características. En ellos
encontré un vehículo fascinante para traer a colación, sin dar la espalda a
nuestra tradición, muchos temas de interés actual, como la amistad, la
adolescencia, la relación padres-hijos… incluso el dolor y la muerte. Así nació
la saga de “Ventolino”, con siete títulos distintos recogidos en dos
libros: Las aventuras de Ventolino y La era del Oricuerno. Sus
protagonistas crecen, maduran y evolucionan al compás de los retos que las
historias les plantean.
P.-¿Y por qué una precuela, de dónde
surge la idea?
R.- Bueno, ante un río caudaloso uno no deja de preguntarse: ¿de dónde brota
tanta agua? La saga de “Ventolino” desborda imaginación: en los personajes, en
las tramas, en su geografía… Estamos ante un mundo creado, aunque no de la
nada. La pregunta contemplativa ante cualquier universo es siempre la misma:
¿de dónde sale, cuál es su origen, cómo se formó? Y a eso responde La
quinta.
P.- Macondo, Comala, la Tierra Media, Celama… Escritores muy
importantes han creado su espacio dentro del universo literario, ¿por qué nace
Pueritia?
R.- Pueritia es el territorio de “lo posible”. Pero no de “lo posible”
gratuito, sino de “lo posible” trabajado. Es el terreno inmenso de la libertad
humana, donde se juega la existencia; un espacio que no es un don sino una
conquista, que se gana con esfuerzo, con pensamiento… con bondad. El lugar de
“eso posible” que para muchos resultaba imposible, pero que alguien, con su
voluntad, hizo real. Pueritia, en fin, es el lugar de los niños, esa edad
fantástica (y que podemos prolongar) donde las ilusiones resultan plausibles y
los sueños alcanzables. Siempre me ha gustado la frase: “Como nadie nos dijo
que era imposible, lo hicimos”. Pues eso.
P.- Las aventuras de Ventolino y La era del Oricuerno,
una saga con el apellido de “juvenil”, ¿qué te parece?
R.- Me parece un término acertado, aunque reduccionista. Si “juvenil” solo se
entiende como etiqueta marcadas por la edad, Ventolino no es nada de eso. A
veces el mundo editorial encorseta a sus lectores. “Ventolino” funciona muy
bien en los colegios e institutos, no cabe duda, pero, como digo siempre, es
una saga apta para todos los públicos. Si alguien piensa que con cierta edad ya
llega tarde para leer “El principito”, “La historia interminable” o “Harry
Potter”, no sabe lo que se pierde… Lo mismo ocurre con Ventolino.
P.- En el prólogo de La quinta se
dice que muchos cuentos de hadas nacen de una realidad traumática… ¿De dónde
nace tu fantasía?
R.- En efecto, la fantasía y la imaginación son herramientas evolutivas de la
humanidad desde el principio. En los momentos en que nuestra historia quedó
paralizada en uno de sus atolladeros, alguien proyectó una nueva idea, un nuevo
sistema de organización social, otra civilización… y el camino se despejó.
Existe una fantasía de evasión y otra de solución; “Ventolino” nace de ambas.
En cuanto a La quinta, los orígenes de Pueritia, se inspira en el trauma
de toda una generación, la de mis padres, que vivieron un país enfangado en el
odio de una posguerra. El reto era difícil: aprender a olvidar sin olvidar. Es
decir, asumir el odio, marcar un camino distinto, y mantener la tentación de su
regreso muy a raya. Porque las razones del odio siempre vuelven, y, por
desgracia, no faltan personas que, por unas u otras razones, tratan de avivarlas.
P.- ¿Por qué decidiste escribir La quinta en forma de
teatro?, ¿crees que es una historia para las tablas?
R.- Soy un escritor versátil, cultivo todas las formas literarias. Y muchas
veces no soy yo quien elige las historias, sino que ellas vienen a mí; no sólo
eso, me susurran la forma que quieren adoptar. En el caso de “La quinta” (y del
teatro en general) los personajes me ofrecían tal potencia dramática, que se
comprometieron desde el principio a sostener su historia ellos solos, sin la
ayuda de contextos o descripciones espurias… sin la verborrea de un autor. Creo
que es una historia muy similar a las que contaba Buero Vallejo. Es más, justo
antes de ponerme a escribir, cayó en mis manos su obra Irene, o el tesoro,
y fue muy inspiradora.
P.- ¿Habrá más noticias sobre Ventolino… o es un tema agotado?
R.- ¡Agotado, nunca! No sé por dónde, pero presiento que Ventolino va a seguir
contando cosas…
Ficha del libro https://www.mareditor.com/liliput/la_quinta.html






















