6.3.26

Entrevista a Teresa Galeote Dalama por “Los días largos”



P.- ¿Qué sentiste al ganar con esta novela el Premio Carta Puebla de novela? ¿Cuál era tu recorrido literario hasta ese momento?

R.- Ganar un premio literario, aunque sea modesto, es un estímulo, al menos lo fue para mí. Te induce a pensar que tu obra es valorada por personas que no te conocen; el veredicto es neutral. El cariño y aceptación de familiares, amigos y personas cercanas es necesario, pero no suficiente. Yo tenía publicado un libro de relatos, Los sueños, a través de José Esteban, escritor y crítico literario, que estaba muy metido en el mundo del libro. Después escribí Iberia, compuesta por tres novelas cortas que tuvo un recorrido similar. Posteriormente escribí la novela, Momentos que no se olvidan, que fue editada por editorial Vosa, ya desaparecida. Los días largos es mi cuarta novela y me atreví a enviarla al certamen Carta Puebla, del año 2008. Cuando contactaron conmigo para decirme que había ganado el premio, me llevé una grata sorpresa. Devolverla a las librerías ahora con M.A.R. Editor es un reto y la demostración de que lo que aquí se cuenta sigue vivo y seguirá vivo por mucho tiempo.

 

 P.- ¿Para muchos españoles la Guerra Civil y la postguerra siguen siendo una obsesión que marcan sus vidas?

R.-Después de las guerras civiles quedan muchas heridas sin cicatrizar porque, una vez terminada, hay que seguir conviviendo entre vencedores y vencidos. Los sentimientos de venganza, los odios siguen ahí, aunque estén soterrados. No solo es el dolor físico que se puede haber sufrido; el psiquismo humano forma parte de nuestro ser y queda marcado por las barbaries que se comenten. Además de las muertes, los vencidos deben enfrentarse a las purgas, la dificultad para encontrar trabajo o recuperar el perdido, la prisión en miles de casos, los diferentes agravios... Todo forma parte de un entramado muy difícil de olvidar. Luego estaba la supremacía que ostentaron los vencedores para hacerse valer, las prohibiciones que impedían expresar los sentimientos y pensamiento político. El silencio pesaba como una losa        

 

P.-Hablas de la supervivencia. Había dos tipos; la de no encontrar comida en la postguerra y la del miedo a la represalia. ¿Cómo lo vivió la generación de tus padres?

R.-Mis padres, como tantos otros perdedores, vivieron una posguerra muy dura. Tuvieron que guardar silencio, pasar necesidades con las cartillas de racionamiento y aceptar el orden establecido, vivir con el miedo de la delación y la cárcel. Mi padre y mi madre estuvieron en un campo de refugiados francés durante meses. Decidieron volver porque se decía que quienes no hubiesen matado podían regresar, pero nada decían de la situación impuesta que debían aceptar: el silencio, el hambre y el miedo a la acusación de otros, muchas veces por rencores o envidia anteriores.    

 

P.-Se ha ocultado en cierta medida que en España hubo campos de concentración.

R.-Sí, se sabía muy poco y solo las personas que estuvieron en esos reductos de torturas, humillación, hambre y enfermedades dieron información a los más allegados. Apenas se hablaba de los campos de concentración en los ambientes intelectuales porque había miedo a las represalias. Y la prisión esperaba a cualquier persona que criticara al régimen.  

 

P.- ¿Cómo afecta ese tiempo de silencio a la vida de la pareja, a su relación amorosa y de convivencia?

R.- Se convirtió en un muro de protección sin saber que era a la vez una carcoma que les mordía por dentro. Cada pareja era un mundo en un contexto determinado de trabajo, de familia, de amigos, y el silencio formó parte de una forma de vida que aún, hoy, permanece porque la verdad al desnudo duele. La mentira es más consoladora, pero a la larga nos anula como seres humanos. Actualmente, vivimos sumidos en la mentira, en la tergiversación del lenguaje, en la impostura permanente. 

 

P.- ¿Crees que la llamada memoria histórica es fiel a los hechos de aquellas épocas o que finalmente sigue habiendo dos bandos que quieren crear un relato para mostrar sólo las bondades propias y los males ajenos?

R.-La memoria siempre triunfó entre los vencedores, adornada con un halo de triunfalismo, honores y puestos relevantes. Después de la muerte del dictador y el cambio político se han ido sabiendo otras historias que quedaron ocultas, las represalias contra los vencidos, la represión de las  mujeres en el Patronato de Protección a la Mujer fue atroz, cuya presidenta de honor fue Carmen Polo de Franco, esposa del dictador, los bebés robados que cedían a las familias adeptas al régimen. Y qué decir de las fosas comunes y las dificultades de los familiares para recobrar los restos de sus seres queridos. Una memoria de los vencidos es fundamental para saber toda la verdad de lo sucedido. Necesitamos una memoria rigurosa si queremos sanar las heridas. Pero no parece que importe mucho; los partidos políticos usan la Memoria para tirarse las palabras, cuando no los exabruptos los unos y los otros.        

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