3.3.24

Entrevista a José Antonio Molina: “La capacidad de regeneración de la humanidad es asombrosa”.

 


P: ¿Qué hay en La habitación secreta?
Respuesta: La habitación secreta está pensada como un lugar de refugio, de encuentro con uno mismo, en medio de un mundo con el tiempo acelerado, tanto que no nos permite un elemental ejercicio de reflexión, ni de contemplación. La habitación secreta es todo lo contrario que la tristemente celebre habitación 101 de Orwell en 1984. Esta es un espacio de tortura, de miedo, de materialización de nuestros temores más profundos en manos de un Estado omnímodo. Aquella es un mínimo espacio de rescate, una tabla de salvación frente al mundo.

P: ¿Es La habitación secreta un espacio para el lector melómano y para la música?
R: Para mí la música, especialmente aquella que denominamos (no siempre con exactitud) culta o clásica es pieza clave en la formación del mundo. El mundo no existiría sin la música. Mi libro está escrito como un diálogo con la música, o como un pensamiento que brota cerca de esa fuente infinita que es la música, superior a cualquiera de las otras manifestaciones artísticas, y que aúna en un solo ser la exactitud de las matemáticas y la expresividad de la poesía. Aunque mi educación musical no sea lo rica y frondosa que yo hubiera querido, al menos crecí escuchando Radio Clásica, para mí fueron horas de belleza, de sonidos hermosos y de palabras inspiradas. Recuerdo a José Luis Pérez de Arteaga y su programa El mundo de la fonografía, con cariño evoco muy a menudo una entrega especial dedicada a la memoria de Jacqueline du Pré. Jamás había visto a nadie amar tanto el arte, la música, ni expresar con palabras tan hermosas el valor del sufrimiento de aquella mujer irrepetible en la historia del arte. Puedo decir que aquello dejó una huella en mi comprensión de la cultura en general, no sólo de la música.Todavía hoy escucho Radio Clásica (Martín Llade, Jon Bandrés y tantos otros) pero también otras emisoras europeas de música clásica. Y cuando la realidad resulta abrumadora, interrumpo todo flujo de noticias y solo escucho música, me hundo en un océano barroco de sonidos sin fin.

P: En La habitación secreta encontramos el ensayo breve, tradicional, pero también otros momentos más alegóricos, poéticos o directamente ficciones más alejadas de la música. ¿Cómo hemos de entenderlo?
R: Nací ensayista y empecé a producir textos elaborados expresamente para un periódico. Me complace el ensayo, me permite usar un rigor académico sin que canse (espero) al lector eliminando o aligerando la carga erudita a favor de un texto sobre un tema que pretende seducir y despertar interés del lector. Pero el ensayo es un género prodigioso que puede crecer autónomo y con libertad. Por eso recurro a una prosa más poética, más alegórica y atemporal, en busca de una belleza perdida, cuando no recurro directamente a la ficción; y eso me complace especialmente, me​ refiero al hecho de haber creado una ficción narrativa alrededor de Goethe, Beethoven o del cardenal Pietro Bembo. Todas esas ficciones beben en muchos casos de la Historia, mi primera vocación, mi primer amor, podríamos decir, pero dejan la Historia atrás. No hago relatos históricos ni lo pretendo. A través de esas ficciones hablo de lo que creo que son problemas acuciantes en nuestro tiempo.

P: ¿Cuáles son?
R: La ausencia de humanidad en todos los aspectos de nuestra vida. La devastadora ausencia de una cultura de la belleza como obra de arte, el vacío de un mundo basado en el consumo inmediato. El tiempo se ha disuelto una serie de fracciones ilimitadas llenas de sensaciones porque no hay sitio para los pensamientos ni para el resto de la humanidad. Rodeados de artificialidad por todas partes, hemos perdido el contacto con la naturaleza, por supuesto, pero también con lo primordial. El paisaje, el amor, los sonidos bellos del mundo, o los emanados de la música. Todo ello parece perderse en un mar de trivialidad. La habitación secreta no es un libro tan ingenuo para negar que ese mundo exista, pero busca un lugar de recogimiento, de refugio, y en último término de resistencia.

P: ¿Es un libro pesimista?
R: No creo que lo sea. Naturalmente que siempre hay esperanza, la capacidad de regeneración de la humanidad es asombrosa. Si La habitación secreta es un santuario es porque hay objetos sagrados que preservar y conservar, que transmitir a la humanidad, en la línea como Stefan Zweig lo hacía. El mundo afronta grandes retos, su salvación depende de muchos factores y uno de ellos es conservar la capacidad para la emoción, para la verdad, para la música y el arte. La cultura no puede perderse, porque perderíamos la humanidad. En ese sentido no es un libro pesimista, sino un mensaje para el futuro.