11.12.21

Entrevista a Amira Avil por la novela fantástica “La sacerdotisa”

 


P.- Amira, o María, no sé bien cómo llamarte. La pregunta es evidente. ¿Por qué el pseudónimo? ¿Es que ahora todo el mundo escribe con pseudónimo?
Respuesta.- (Risas). No, no, no. Mi pseudónimo estaba antes del premio Planeta y de los tres Carmen Mola. Después de La leyenda de las dos piratas, de la acogida que tuvo y del contenido concreto de las críticas que recibí, supe que, si publicaba mi pentalogía, tenía que hacerlo con pseudónimo. Los lectores, las lectoras para ser más exactos, habían convertido mi novela anterior en un referente del “empoderamiento femenino”, hasta el punto de criticar rabiosamente cualquier escena de la novela que se saliera de esa línea de pensamiento. Se consideró una novela feminista, y a la vez se me criticó el que romantizara la violencia porque en una escena un pirata le da una bofetada a la protagonista. No importaba todo lo demás, toda la violencia real de una novela de piratas, todo el respeto y admiración que sentían buena parte de los hombres de la obra por las protagonistas. Y tuve la impresión de que esas lectoras no me iban a perdonar que publicara La sacerdotisa. Y a la vez tuve la necesidad imperiosa de hacerlo, de dar a conocer esta novela. De que la gente supiera que yo no pienso así, es decir, no solo. El mundo se ha vuelto insoportablemente maniqueo: o se es bueno o se es malo, o se está con estos o con los otros, o eres un facha o un rojo, o eres feminista o machista. Y cuando digo feminista, no me refiero al feminismo tradicional, el que defiende la igualdad de la mujer. Me refiero a este movimiento que hay ahora que convierte en machista, violador o tibio a todo el que no piense como él. Necesitaba quitarme la mordaza y decir la verdad, gritarla. Y La sacerdotisa, toda la pentalogía, es un grito de socorro. Un ¡basta ya! ¡Que todo no es blanco o negro! Fíjate, iba a decir “que también existen los grises” y no me he atrevido por si los lectores pensaban que estaba haciendo apología del franquismo. Nos hemos vuelto locos. La literatura no puede ser maniquea. Los escritores tenemos que entender que los personajes son mucho más profundos, que el ser humano es mucho más profundo, y que la realidad es infinitamente más rica.

P.- Entonces, estamos ante una novela feminista, a pesar del título
R.- Ninguna lo ha sido. No para mí. Me preguntaron en una entrevista si La leyenda de las dos piratas era feminista y yo dije que no particularmente, que en ella lo que yo intentaba defender es el derecho a ser distinto, a no encajar con los roles sociales preestablecidos. Las protagonistas no encajaban con los roles sociales en vigor en su época, y creo que yo tampoco lo hago con los de la mía. Ahora tenemos la necesidad de encasillar a todo el mundo, y si no encajas en los “grupos buenos”, entonces no importas, no eres digno de ser defendido. Hemos visto casos terribles en las noticias, casos que inciden en esta línea. Supongo que yo siempre defenderé el derecho a ser diferente. Y el derecho a ser un escéptico, y un tibio, y alguien apasionado, o alguien racional… En La sacerdotisa creo dos mundos opuestos para criticar esta oposición tajante. Quiero pensar que hay mucha gente que cree en la conciliación, en la opción de tender la mano al otro, y que está por encima de la guerra de opuestos.


P.- Pero La sacerdotisa es una novela fantástica, de fantasía. Cualquiera pensaría que has saltado al género fantástico para evadirte de la realidad.
R.-Nada más lejos de la realidad. La sacerdotisa es mi novela más personal y creo que la más crítica con el mundo en el que vivimos. Aprovecho ese mundo de fantasía para poder mostrar nuestra realidad con cierta perspectiva. Creo que estamos tan cegados por la doctrina del pensamiento correcto que necesitamos tomar distancia, observarnos desde fuera y ver el sinsentido en el que nos hemos metido. En La sacerdotisa utilizo un narrador ausente, cámara, que nunca se mete en los pensamientos de los personajes, para que nosotros los observemos también desde fuera, los escuchemos hablar y saquemos nuestras propias conclusiones. Es una novela que invita a la reflexión sobre temas muy profundos: el determinismo, la fe, la deificación de la razón, la lucha de sexos, también, el peligro del pensamiento radical... Con esta novela me he quitado la mordaza y he tratado de reflejar lo absurdo de este mundo. Soy políticamente incorrecta. De ahí lo de Amira. De ahí el pseudónimo. Y la fantasía lo permite todo. Pero los personajes… los personajes son tan humanos e imperfectos como creo que deben serlo en literatura. Porque la literatura siempre debe reflejar el tiempo en el que se escribe. Y esta obra no es diferente..

P.-Has hablado de magia y de deificación de la razón, y de enfrentamiento entre razón y sentimientos. ¿Cuál de ellas echas más en falta en nuestro mundo? ¿Dónde te colocas tú en ese enfrentamiento?
R.- Para ver dónde me coloco hay que leer la novela. Y tal vez te ayude a descubrir dónde te colocas tú (risas). No, lo que busco es mostrar el absurdo de posicionarse en uno de los dos extremos. Por supuesto, podemos ser más racionales o más pasionales, pero en ningún caso podemos aceptar que se pueda prescindir de ninguno de los dos. Hacen falta pasión y cabeza. Y, contestando a tu pregunta, creo que en este mundo faltan las dos cosas por partes iguales. Hemos deificado la razón, y solo existe aquello que puedo demostrar empíricamente. Pero, a la vez, defendemos puntos de vista de manera visceral, sin escuchar al otro, sin pensar qué puede haber de cierto en lo que dice. Falta la capacidad de escuchar al otro, y de intentar saber cómo se siente. Hemos perdido humanidad, sobre todo con el que no piensa como uno. Nos hemos vuelto intolerantes. Nos falta empatía, pero también racionalidad. Saber ponerse en los mocasines del otro, pero yo lo haría extensivo a la cabeza y el corazón del otro. Hace falta magia, y hace falta ciencia. Ya lo decía Bécquer… “Mientras el corazón y la cabeza batallando prosigan… Habrá poesía”. Nos hace falta poesía.

P.-La sacerdotisa es la primera novela de una pentalogía. ¿Tenemos que leerlas todas?
R.- La sacerdotisa es la segunda, para ser exactos. Escribí la primera hace muchos años, La elegida. Pero La sacerdotisa es la primera cronológicamente, la primera que ocurre, y es la que sentía que tenía que publicar ahora, por los temas concretos que aborda. En cualquier caso, tanto La sacerdotisa como La elegida pueden leerse de manera independiente. Son autoconclusivas. Resuelven el tema que plantean. Yo no concibo una novela de otro modo. Está muy de moda, cuando una obra es muy larga, partirla en tres. Es más, mucha gente me ha dicho que hice el tonto cuando publiqué La leyenda de las dos piratas en un solo volumen de 950 páginas, que tenía que haberla publicado partida, como una trilogía… Pero para mí una trilogía, o una pentalogía, como es el caso de La sacerdotisa, no es una obra partida en tres o en cinco. Son ene obras que guardan un hilo argumental, pero son obras independientes. Tú puedes leerte las 250 páginas de La sacerdotisa y quedarás satisfecho. Tanto, que querrás leerte las demás. Y no porque te deje el conflicto sin resolver, sino, tal vez, porque, como yo, seas de los que disfrutan más con las preguntas que con las respuestas, y no te conformes con un mundo blanco o negro.